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Sketch: Cuidado con lo que dibujas

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Sketch se ha colado en el fancine.

Iba a deciros que por la puerta de atrás, pero no sería cierto. Se ha colado porque es una peli infantil sin contenido WOKE, cosa que se agradece. Más esta misma semana que acaban de borrarme, de un plumazo, las ganas de ver La Odisea, pues aparentemente lo que parecía una promesa de peliculón se ha convertido en un aborto WOKE que propone, para colmo, una mujer interpretando a Aquiles.

Por eso merece la pena defender pelis como esta que comento hoy. Porque, en el caso de los niños, se trata de una peli que solo busca entretener y, como mucho, enseñarles a manifestar sus emociones y sus sentimientos en circunstancias trágicas. Sobre esto volveré más tarde, ahora sigo con el desquite. Para muestra un botón, la perversión de Buzz Lightyear, la secuela WOKE de Toy Story; la ingeniería social con Blancanieves, o con La sirenita… El wokismo pudre todo lo que toca y es capaz de pervertir, retorcer, corromper y envilecer las historias más nobles.

No hace ni una semana que la progresía de Hollywood se ha echado al cuello de Scarlett Johanson, por pedir que se deje de meter temática LGTBI en las películas infantiles, para no pervertir sus cabecitas y no crear monstruitos confundidos y juguetes rotos.

Sketch: 0% WOKE

Un poco ñoña quizás, (por sobreprotección), pero no woke.

Lo digo alto y claro, para que los padres que quieran poner una peli a sus hijos, sin miedo y con la tranquilidad de que no le van a mancillar sus cerebritos inoculándoles fragilidad mental y dudas obscenas. Esto ocurre con demasiadas pelis, por desgracia, que se la pones a un niño, para que disfrute y si te despistas le estás haciendo tragar propaganda woke si percibir que le han abierto la boca, y metido la Orden 66 para destruir su naturaleza empujándosela hasta el estómago con el puño izquierdo.

Así pues, padres, podéis poner esta peli sin miedo.

Como Orion y la oscuridad, o Super Mario Bros. Pelis, ambas, que no usurpan a los padres el papel educador. Padres, sí, con todas sus sílabas y sus letras y sus géneros, que son dos: papá y mamá. Ni progenitores, ni Nobi o nibi (no me refiero a Obi-Wan), ni progenitor gestante o no gestante. Pa-dre y ma-dre. Lo de la semillita de toda la vida.

Por eso, insisto: podéis verla. Y eso que sí veréis algún gesto de sobreprotección, y algunas coderas y rodilleras que no vienen a cuento, pero lo compro, mientras no pretendan manipular a los niños al nivel Sala de profesores, que lleva el wokismo, y el buenismo, a los claustros de los colegios proponiendo fórmulas y comportamientos imposibles. Inadmisibles: vergonzosos. Esta peli la comenté precisamente para ilustraros sobre lo mal que está el mundo, el de la docencia incluido. Sketch la comento para anunciar, y Sala de profesores para denunciar.

¿De qué va Sketch?

Es una lección de vida.

Demuestra que los problemas se solucionan enfrentándose a ellos, nunca escondiéndonos.

Es fortalecer a la nueva generación para que no tengan la piel de cristal y no se resquebrajen cuando vienen mal dadas. Como digo siempre, «la vida es muy perra» y tenemos la obligación de procurar carácter y personalidad a los más jóvenes, para que sepan salir a la calle y pelear por sus derechos, defender su cultura y sentirse orgullosos de ser lo que son, hijos y nietos de quienes son.

Como os decía, Sketch va de aceptación de la cruda realidad. De coger al toro por los cuernos en vez de huir de él. Tanto para niños como para adultos, como os contaré en breve.

No hay que huir de los problemas

Esa es la tendencia actual en Occidente.

Negamos los problemas. Miramos para otra parte. Los edulcoramos y los hacemos buenos. Convivimos con ellos, nos sometemos a ellos, cuando deberíamos convivir con ellos para afrontarlos. A los chavales los malcriamos en ese sentido. Los protegemos y los sobreprotegemos por miedo a que colapsen. No saben recibir un «no» por respuesta. Intolerantes a la frustración, tienen un mal concepto del derecho. Todo derechos pero ninguna obligación.

La frustración es mala, sin duda. Pero hemos de comprender que forma parte de nuestras vidas y que aceptarla, y enfrentarse a ella, rebelarse contra ella, eso es bueno porque nos fortalece. Sin echarnos a llorar, sin que nos tiemblen las rodillas. Con miedo, sí, pero firmes. Sin que sucumbamos a la histeria y a los ríos de lágrimas. No podemos ir por la vida exigiendo todo y llorando cuando no nos conceden los caprichos. Eso es de niños mal criados y de mimados insolentes.

Aviso de espóileres, pero sigue leyendo

A partir de aquí destriparé la peli, así que, si no la has visto… iba a decirte que deberías dejar de leerme pero, suponiendo que eres lector mío y no un niño… Esta vez te invito a seguir leyendo.

Aunque sacrifiques la película, Es más, sacrifícala para comprender que todo cuanto te he dicho hasta ahora era verdad y que se la puedes poner a tus hijos. Yo preferiría que me destriparan la peli para que las criaturas la vieran sin perder su inocencia a huir del espóiler y que le den la píldora roja a la misma criatura con el riesgo de verle sufrir el resto de sus días anhelando una identidad sustraída a través de una pantalla.

Sketch: Cuidado con lo que dibujas

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La peli nos presenta, de golpe, la trama y sus personajes. Tres presentes, el cuarto ausente.

La familia Wyatt, incompleta. El padre Taylor y los hermanos Amber y Jack. La madre, Lizz, está muerta.

El único que lo afronta con coraje es Jack, el benjamín. Taylor huye del recuerdo doloroso de su difunta esposa. Ha borrado todas las señales, y todo su rastro, de la casa. Sin verla bloquea sus recuerdos, y sin recordarla bloquea su sentimiento de profunda soledad. Bianca se ha encerrado en sí misma y es una caja hermética carente de emociones. Eso parece al menos… Y Jack, como os decía antes, es el único que habla de la madre y que la llora sin esconderse.

Sketch significa boceto

De nuevo los traductores de títulos. ¿Tanto costaba traducir el título por «Boceto«? No, algún lumbreras se sacó de la manga lo de «Cuidado con lo que dibujas» y, amén de agilipollar el título… sí, «agilipollar«, está en la RAE y significa «volver o volverse necio o estúpido«. Y de paso te cuelan un espóiler monumental desde el título. Hay que ser necio (o estar agilipollado) para reventar una película de este modo.

Y la idea del boceto viene del refugio intelectual que busca Amber y lo encuentra en sus dibujos. La niña tiene talento para dibujar y huye de la tristeza de haber perdido a su madre dibujando.

Pero las emociones retenidas, escondidas e ignoradas te pudren la sangre. Y en ella se pudre su sangre, su carácter y sus dibujos. Abandona el tono alegre, jovial, desenfadado, delicado y amoroso con que dibujaba cuando vivía su madre y se oscurece, se envilece y trunca su pintura sana en malsana.

Demonios y monstruos

En sus dibujos vuelca su odio a la realidad con monstruos y demonios de formas imposibles y propósitos inconcebibles. Su frustración mal encarrilada. Su pena, su infinita pena, y el miedo a un futuro incierto sin la figura de su amada madre se filtran por las yemas de sus dedos dejando aflorar la rabia contenida dentro.

Esos dibujos reflejan escenas sádicas, personajes sádicos y actos viles impropios de la cabecita de una niña en la flor de la vida. Hasta que uno de esos dibujos, en los que un ser raruno que tiene una extremidad superior en forma de punzón, como el T1000 de Terminator 2, y se lo está clavando en el estómago a un niño al que previamente ha cegado arrancándole los ojos.

El niño es Bowman, un compañero del cole y de la ruta escolar. El niño es una mosca cojonera, la verdad sea dicha, pero de ahí a «sacarle los ojos (…) y convertirlo en pasto de millones de bichos» dista un mundo.

La psicóloga

La única que descubre este don, o este castigo, es la psicóloga.

Ella comprende que ese impulso hostil y agresivo es la vía de escape, creativa y destructiva de la niña.

Por eso la invita a seguir dibujando, porque puesto que el padre está bloqueado, tanto como la hija, y no se atreven a mencionar el tema, esa es su vía de escape. La regala un cuaderno para que tenga decenas de hojas para dibujar pues cada hoja dibujada en un resentimiento hacia la vida que no se guarda en su corazón.

La mariposa tatuada

Tras discutir sobre el término «orfandad» y sus implicaciones, los niños se retiran de la cena y Jack termina pintando un culo en la cara de su hermana. Ella acude al padre y el padre, ensimismado en el recuerdo de su esposa, le dice «ahora no puedo, díselo a mamá» y se ensueña en un recuerdo similar en el que Jack le dibujó lo mismo a su hermana y la madre lo subsanó corrigiendo el culo para darle forma de mariposa. La misma mariposa que ella lleva tatuada en el antebrazo.

Guardaros la idea de la mariposa porque luego volverá y cobrará protagonismo.

El cuaderno

Amber olvida su cuaderno, se lo pide al padre desde la ventanilla de la ruta pero éste le dice que no tiene tiempo para ir adentro y sacárselo. Ella le pide que no mire los dibujos. Pero el infortunio hace que se le caiga el café sobre el cuaderno, y lo empape.

Intenta secarlo con un secador de pelo, que encuentra en una maleta de su esposa, con una mariposa como broche externo y la caja de cenizas de Liz. Esto vuelve a noquear al viudo, se le escurren el cuaderno y el secador, encendido, y al caer el segundo hace que todas las páginas del cuaderno desfilen a velocidad vertiginosa.

El panorama es desolador. Dibujos que parecen salidos de Locke & Key, 100% Lovecraft. Tan solo la mariposa, gualda y de contorno redondeado, en forma de corazón, da tregua intermitente al odio dibujado. Una mariposa que ella explica al padre que ha tenido que dibujar, tirando de su memoria, porque no hay, en toda la casa, ni una foto de mamá.

El apdre habla con su hija y la dide que lamenta que antes hacía dibujos y se los enseñaba, pero ella le dice que él los tiraba. Esto hace que el padre corra a un trastero y saque una caja llena de dibujos dulces, tiernos y cariñosos que ella dibujaba cuando era feliz y la familia estaba entera, como su corazón.

El agua del lago

Abreviaré un poco sin detenerme para destriparos la aventura. Permitidme que vaya a lo mollar.

Jack se refugia, a menudo, en un lago que visitaba con su madre. Una caída accidental hace que se arañe la piel y se le rompa la pantalla del móvil antes de caerse al agua. Aquí empieza la magia… cuando el niño recoge el móvil del agua y se percata de que la pantalla se ha reparado y sus heridas han desaparecido. Esto sí parece estar sacado de Locke & Key, la verdad.

Las cenizas

Como os dije antes, las cenizas de la madre reposan en una caja de madera, dentro de una maleta. Pero cuando el padre buscó el secador la olvidó encima de la cama, y el niño se topa con ella.

Ya os he mencionado que Jack es el único que da rienda suelta a sus sentimientos, pero eso no quita que esté igual de roto que los otros dos. Por eso, cuando encuentra la caja, intenta, en repetidas ocasiones, echarlas al agua para revivir a su madre. En uno de esos intentos, cuando parece más decidido que nunca a intentar resucitar a su madre, aparece su hermana, quien le detiene, pero en el gesto para evitar que Jack culmine su propósito (emulando a Victor Frankenstein), descontrola el cuaderno que termina en el agua.

Se diluyen todos los dibujos de la hermana, y salen pitando cuando el agua empieza a echar burbujas en ebullición. Los demonios dibujados por la hermana cobran vida y salen del cuaderno.

La mariposa

Aquí empieza la aventura de verdad.

Al más puro estilo años 80s, los niños van al cole en la ruta y se topan con uno de los monstruos. Los estudiantes huyen despavoridos, y los dos hermanos se quedan aislados junto con el pelmazo de la ruta, y hacen un equipo que bien podría haberse filmado en los 80s.

Vemos la clásica escena en la que los protagonistas se preparan para ir a dar caza a los monstruos. Ochentero, y noventero, total. Improvisan armas y se ponen (como apuntaba al principio) muñequeras, rodilleras y cascos para protegerse muy por encima de las necesidades de protección, para que no se hagan pupa.

Luego se enfrentan a los monstruos y, tras comprender que no los pueden derrotar por sus propios medios, ella rememora la conversación con su padre. Aquella en la que él la recordó los dibujos dulces, tiernos y bonitos que dibujaba tiempo atrás, cuando todavía vivía su madre. Y, por asociación de ideas, si el peligro estaba en sus dibujos de bichos malos, en los que habían cobrado vida al caer al agua, quizás las solución también esté en sus dibujos de bichos buenos. Es decir: ella no puede terminar con los (dibujos vivos) malos, pero sí puede crear (dibujos vivos) buenos que se enfrenten a los otros. Eso podría equilibrar las fuerzas.

rumbo a la comisaría, pero que, quizás, si repitieran la operación del agua con los dibujos que expresaban amor, (aquellos que dejó de dibujar cuando murió su madre), se podrían equilibrar las fuerzas.

Esto va de emociones

La lucha final es lo de menos en esta película mu, aunque es muy divertida.

Si la ves buscando acción, y la tiene, te gustará. Pero la acción no es el propósito de esta peli. Va más allá, es más profunda. Si os habéis dado cuenta, he dicho que, al final, los que luchan de verdad son los dibujos de Amber.

Dibujos que representan dos facciones enfrentadas: los dibujos malos, o villanos, que ha dibujado con el corazón estrujado por el dolor, con su madre muerta por un lado. Por otro lado los dibujos buenos, o héroes, que hizo cuando era una niña normal, sin preocupaciones y sin el hueco en el corazón de haber perdido prematuramente a una madre.

Ese es el quid de la cuestión. No tenemos que centrarnos en los dibujos, sino en los sentimientos y en las emociones que hizo que los dibujara. La muerte de Liz, prematura e inesperada, ha

De emociones… y de sentimientos

Todos los que se han guardado por miedo a compartir su tristeza. Miedos embotellados, encapsulados y arrinconados en el fondo del corazón. Emociones y sentimientos frustrados por la mismísima tristeza. Y miedos a enfrentar la verdad, la realidad: mamá no volverá.

El marido no se enfrenta a la realidad, porque no quiere asumirla, no quiere aceptar que el amor de su vida ha muerto. Y porque no quiere remover las emociones, suyas y las de los niños, para no devastarles sus corazoncitos.

La niña porque es sencillamente incapaz de procesar la ausencia de su madre. Y su hermano, sí, es el único capaz de hablar de ello, aunque nadie le escucha. Es el más frío y racional. cosa que asusta a su hermana y a su padre, pero esa frialdad es pura fachada. Se atreve a hablar de su madre, sí, pero su corazoncito está roto en mil pedazos y nadie le percibe pidiendo auxilio.

Como veréis, esa casa es una bomba emocional a punto de saltar por los aires. Y el padre es el primero incapaz de asimilar el vacío emocional que ha dejado su mujer, por lo que se enfrenta a ello tirando para delante y fingiendo normalidad pero, para lograrlo, elimina cualquier rastro de su esposa en la casa: fotos, recuerdos… lo mete todo en cajas y las guarda.

la herida abierta

Infectada.

No comprende que intentar erradicar la memoria de la madre no hace sino agudizar la angustia de sus hijos, y la propia.

De ahí el torrente emocional que desencadenan los dos niños: ella por sus dibujos desgarradores, y él por el agua mágica que da vida a las pesadillas de carboncillo de la hermana. Carboncillo, acuarela, tinta, cera… da igual, cuando el cuaderno de la niña cae al agua los dibujos toman vida propia y se dedican a aquello para lo que la mente de la niña los concibió: sembrar el caos.

Otra vez, la mariposa

Reaparece en el momento más oportuno. Es poco menos que la reencarnación de la madre, pues esa mariposa la llevaba la madre tatuada en su antebrazo. Es un puente entre la realidad y la fantasía, entre el bien y el mal… es más bien, la solución, la lección de vida que hará que el padre deje de temer enfrentarse al dolor y rescate la memoria de su esposa.

Es entonces, cuando los dos niños, y el amigo (aunque lo del amigo es un decir, porque se llevaban fatal), se enfrenten a los dibujos, y den vida a los dibujos buenos, para pelear contra los malos, mientras el padre y su tía, se arman de valor para acudir en su auxilio.

Bichos malos, algunos buenos, y la mariposa revoloteando por la pantalla en una clara alusión, metafórica, de la omnipresencia de la persona ausente. Es el amor que todos echaban de menos y el coraje para dejar que sus sentimientos afloren y desencadenen emociones positivas llorando con alegría el recuerdo de una madre que ya no volverá a besarles antes de dormirse, ni a arroparles para que no cojan frío.

100% recomendable

Por todo lo dicho esta peli se convierte en un planazo familiar, para verla con los niños y disfrutarla en familia.

Porque entretiene, divierte y porque es una lección de ternura, de amor filial y conyugal. Es pura tradición familiar en una peli de 2024 que tiene un final más propio de las pelis de aventuras de los 80s que no os desvelaré pero que sí os invito a ver.

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