Embajadores en el infierno (1956), dirigida por José María Forqué, refleja las calamidades que pasaron los héroes de la División azul que cayeron en manos del ejército soviético.
Está basada en la obra Embajador en el infierno, en la que el escritor y periodista, Torcuato Luca de Tena, entonces director del ABC, narra el suplicio del capitán de la División Azul, Teodoro Palacios Cueto. En la película se cambian algunas cosas, que después detallaré, empezando por la identidad del protagonista, que pasa a llamarse Ricardo Adrados.
Niebla de guerra
Para sorpresa mía, cuando me encontraba inmerso en la relectura del libro, con el fin de refrescarla, y poderla comparar con la peli, con este comentario en la mente, me topé con un podcast, que os recomiendo escuchar, de los colegas de Niebla de guerra, en el que participaba mi amigo, y tantas veces compañero en Antena Historia Félix Lancho.
Ese podcast es realmente recomendable, pues desmenuzan esta misma peli y la explican en profundidad, cosa que, hasta mediado el mismo, me hizo zozobrar porque pensé que este comentario perdería su exclusividad. Sin embargo son totalmente compatibles porque yo abordaré mi comentario esgrimiendo otros argumentos y enfocándola desde el prisma de el fancine, que fundamentalmente versará sobre la fidelidad al texto original y, de éste a la Historia.
¡Mañana vamos a tener toros!
Así arrancó la última reunión de oficiales previa al último combate que libraron estos divisionarios.
Era la noche del 9 al 10 de febrero de 1934 y los protagonistas debatían la defensa de la posición de su guarnición en previsión del asalto que sufrirán al amanecer del siguiente día. Inteligencia acababa de alertar al capitán del movimiento de tropas rojas y del más que seguro ataque al alba.
Krasni-Bor
Por ahora me estoy refiriendo al libro, porque la peli entra tan a saco que se salta los preliminares.
Estaban en Krasni-Bor, una aldea en Colpino, a medio centenar de kilómetros de Leningrado. La reunión se celebró en el bunker de oficiales, a tres metros de profundidad: una falsa cabaña de madera concebida para huir de los más de -20ºc del exterior. Se calentaban con una salamandra (estufa de carbón) cuya chimenea huía de la verticalidad para aflorar en la superficie a más de 30m de distancia, en horizontal porque los rusos la bombardeaban cuando la veían escupir humo.
En esa reunión se decide el futuro del 2º batallón del regimiento 262, Sus tres compañías tendrán que defender 5km de frontera en una llanura infinita, cubierta de hielo, sin una loma, ni una colina. Tan solo hielo y algunos grupos de árboles y una vía de tren. Eso era Krasni-Bor, por cuyos méritos, y por cuyas condiciones, pasó desapercibido para los libros de Historia hasta que un puñado de españolitos decidió vender caro su pellejo y provocar la derrota más placentera, y la victoria más cara, que vio la Segunda Guerra Mundial.
Placentera porque el nombre Krasni-Bor se escribió, por fin, en los anales de la Historia con la sangre de esos españoles que prefirieron morir a sufrir la deshonra. de capitular Que prefirieron luchar, y pelear, hasta el final, con artillería, (casi inexistente), algunas ametralladoras, a golpe de fusil y de bayoneta, de machete y palas cuando agotaron la munición y siguieron cuerpo a cuerpo.
Ferrocarril Moscú-Leningrado
Esta es la madre del cordero.
Esa inmensa llanura era por donde transcurría el ferrocarril que unía la sitiada Leningrado con Moscú. Por eso el ejército rojo quería expulsar a los españoles del lugar. Por eso y porque como os decía antes, todo lo que rodeaba a Krasni-Bor era una llanura rota, tan sólo, por la vía del tren se había elevado artificialmente 6m por encima del suelo. Quien dominaba la vía dominaba el único punto elevado en cientos de kilómetros a la redonda.
La fiesta empezó a las 07:00h.
Nuestro protagonista había desayunado el jugo de un limón exprimido sobre su boca y se había guardado un par de limones más por si le entraba gusa por la mañana. 800 petardazos después, en 90 minutos, le quitaron el hambre, la sed, el sueño y el miedo del cuerpo. Los españoles eran los caballeros de Gondor viendo centenares de miles de orcos atacar a cara de perro. Pero este Gondor no tenía almenas ni esperaba la ayuda de Rohan. Estaban solos. Y más solos estarían después del bombardeo, y de la primera oleada, rechazada. Y de la segunda, también rechazada.
Como el caballo de Espartero
Y más solos iban estando, cuando las compañías fueron menguando hasta extinguirse, pero sin rendirse y batallando y peleando y matando rojos y muriendo azules que para eso eran españoles. Alatristes orgullosos que partieron al Infierno para luchar contra el Demonio y sus secuaces. Y cuando esos secuaces infestaron la llanura y llegaron por hordas, como piojos, e invitaron a la rendición a los españoles, estos contestaban algo parecido a «Decidle al señor Duque de Enghien que agradecemos sus palabras… Pero esto es un Tercio español» y a repartir hostias como panes, mientras queden fuerzas.
800 obuses que borraron del mapa la primera trinchera, y la segunda, el puesto de mando, los búnkeres y la madre que los parió. En 90 minutos la llanura se había convertido en un queso de Gruyere. Y los rusos atacando, por oleadas. Y muriendo como chinches, porque pocos lo cuentan, pero cuando los rusos atacaban en masa se enfrentaban a dos fuegos: el del enemigo y el de su policía política, el NKVD, después KGB, que instalaba ametralladoras en la retaguardia rusa y acribillaba a los que huían, a los que se paraban y a todo el que no avanzara. Maneras comunistas.
Nuestros españoles cayeron, cubiertos de Gloria y de honra y elevando el estandarte de la División Azul al panteón de las divisiones históricas tras demostrar tenerlos mejor puestos que el caballo de Espartero. Tanto es así que luego, conforme avance en el comentario de la peli, veremos las consecuencias pues los bolcheviques no perdonaron dos cosas a estos soldados españoles: su defensa numantina, que costó la vida a miles de rusos y pertenecer al único ejército, el español, que había derrotado al comunismo en una guerra.
La División Azul
Es la segunda vez que la División Azul aparece en el fancine, o la tercera, si cuento la peli en la que os explico la Wehrmacht y las diferencias con las Waffen-SS. Me refiero a Silencio en la nieve y Mi honor se llamaba lealtad respectivamente.
Es verdad que la Ley de Memoria histórica ataca a todo cuanto huele al fracaso de la II República, a su derrota en la Guerra Civil Española y a la derrota, también del comunismo, en campo da batalla. La única a tal escala sufrida por un ejército comunista, aunque financiado con el dinero de los españoles, pues nos costó el oro del Banco de España, aunque timaron a los republicanos pues no llegaron los refuerzos previstos, ni el armamento prometido ni todos los carros y aviones esperados.
Esa misma Ley, nacida para reabrir la vieja herida de la Guerra Civil, ha servido para dividir a los españoles cuando mejor unidos estábamos. Cuando más libertad, prosperidad y felicidad teníamos llegó el 11M para arrasar con la convivencia y poner en jaque a nuestra Democracia. Por eso la menciono, en cierto modo por casualidad y en otro cierto modo, porque, en cierto grado, podría vincularse a los protagonistas de esta peli, y más a los del libro, que son reales. Más por causalidad que por casualidad.
La ONCE y la Agencia EFE
Esa Ley se ha empeñado en borrar de la Memoria de España todo lo vinculado ideológica, política y emocionalmente al bando Nacional, a Franco y, claro está a la División Azul, sin percatarse que, si de verdad desean cerrar todo lo que exista, en nuestros días, que tenga algún vínculo con ella, y con la Falange, deberían cerrar también la ONCE y la Agencia EFE, fundadas, ambas, por Serrano Súñer, el mismo que propuso la creación de esta división para ir al Frente del Este, a Rusia, para apoyar a los alemanes en la Operación Barbarroja.
Anticomunistas
España era un país no beligerante, esto es, que no había entrado en la guerra pero, a diferencia de los neutrales, se reservaba el derecho a tomar partido y sentir afinidad hacia un bando u otro.
Si en España hubo Guerra Civil fue porque los partidos de izquierdas, y los nacionalistas, no aceptaron los resultados de las urnas en 1934 e impusieron su Gobierno.
La deriva de locura y de fanatismo, y la sed de sangre católica, monárquica y de los votantes de centro y de derecha, fueron el detonante para el alzamiento de las tropas que pasarían a llamarse «nacionales«. El comunismo, como os expliqué en Gernika, se había filtrado, e infiltrado, en la II República Española hasta hacerla mutar de identidad.
Por eso, llegada Barbarroja, España tomó partido, pero no a favor del nazismo sino en contra del comunismo como responsable del derramamiento de sangre entre hermanos.
Republicanos de derechas
Existe la falsa idea de que todos los republicanos eran de izquierdas y ateos. Eso es falso. También los había de centro, y de derechas, y cristianos.
Si abandonaron el ideal republicano, sin necesariamente abrazar la causa monárquica, fieles a sus principios, fue porque ellos mismos, pese a ser republicanos, se convirtieron en el blanco de la persecución política, y del asesinato y las torturas en las checas, que ya existían antes de la guerra.
Esas checas estaban dirigidas por los partidos políticos y los sindicatos (PSOE, PNV, UGT…): sus militantes secuestraron, torturaron, violaron y asesinaron a los que estaban en la oposición.
¡Rusia es culpable!
No hace falta que recuerde la Guerra Civil ahora, ni quién la ganó, ni quién la perdió. Pero sí quería dejar claro el papel de los rusos rojos, los comunistas, como razón de ser de nuestra guerra, pues inocularon la semilla del odio que hizo posible la aparición de las dos Españas. Especifico «rusos rojos» porque así se conocieron a los comunistas, mientras que los leales al Zar, primero, y después simplemente creyentes o demócratas, se llamaron rusos blancos. Los que no habían sido asesinados por Lenin estaban desperdigados por todo el Orbe, y algunos de ellos en España. De ellos os hablo en una peli sobre la guerra de Vietnam: El cazador.
Por eso se fraguó la División Azul. Para ir a Rusia. Para vengar la vida de tantos españoles, de uno y otro bando, como habían provocado, desde las sombras, interfiriendo en la política nacional. De ahí el ¡Rusia es culpable! que gritaban los falangistas cuyo uniforme dio el sobrenombre a toda la División.
Nacionalsindicalismo
No son pocos los debates sobre la ideología de Falange. Unos dicen que fue fascista, otros que socialista. Algunos la tachan de nacionalsocialista, pero yo creo que su verdadera razón de ser fue la nacionalsindicalista. Me da igual que fueran lo uno o lo otro, puesto que yo no podría alinearme con ninguno de esos tipos de ¿pensamientos? pues para mí, el pensamiento es, por natura, individual, y nunca colectivo.
Comunistas, fascistas y nazis (nacionalsocialistas) son lo mismo: los tres hijos del Socialismo (con un cuarto, el adoptado «anarquismo«). Tampoco concibo el sindicalismo, por lo que sea por una cosa u otra, no habría sido ni simpatizante de Falange.
Pero sí me identifico es con su manera de ver el comunismo como enemigo de España, de Occidente, de la Libertar y de la Democracia.
Lo fue desde Lenin, lo fue con Stalin y lo sigue siendo hoy, mutado en el movimiento WOKE para engañar a las mentes más frágiles, manipularlas y sumarlas a multitud de causas menores para engrosar, sin saberlo muchos de ellos, un nuevo comunismo que está carcomiendo Europa, y Estados Unidos, destruyéndolo desde dentro. Inoculando el mal a golpe de buenismo. Son carcoma.
Por eso respeto a la División azul, por atarse los machos para convertirse en la División más famosa, laureada y gloriosa de la Segunda Guerra Mundial.
División 250 integrada en la Wehrmacht
Nuestra División no era, en esencia, nazi. Ni se alió a los nazis, ni sirvió a los nazis. Ni España entró en la guerra. Franco dejó claro que España sólo colaboraría con el ejército alemán, la Wehrmachrt, para luchar «en defensa de la civilización» conforme escuchamos en la peli, y contra el comunismo, es decir, contra la URSS, y que no atacaría ni lucharía contra ninguna otra nación aliada.
Por eso la División Azul se integró en el ejército, y no en las milicias nazis de las Waffen-SS. Insisto en sendas explicaciones, detalladas, de la propia División 250, y de la Wehrmacht, en Mi honor se llamaba lealtad.
Y allí, en ese frente ruso tuvo lugar la batalla de Krasni-Bor. Allí lucharon estos héroes, con algún soldado tan ilustre como el mismísimo Luis García Berlanga, uno de los mejores directores de cine nacidos en España. Lo explico en Todos a la cárcel, la anterior peli comentada en el fancine, con la excusa del falangista que vive preso en la cárcel en la que se desarrolla toda la peli.
Embajadores en el infierno
Como os decía al inicio, Embajadores en el infierno es la adaptación de la biografía novelada del capitán de la División Azul, Teodoro Palacios, titulada Embajador en el infierno y escrita por Torcuato Luca de Tena.
El infierno es Rusia
Allí lucha el protagonista, en la peli, «los protagonistas«. En Krasni-Bor y cae preso del Ejército Rojo. Si bien el libro se centra, casi en exclusiva, en el capitán, la película abre un poco la mano y es más coral. Los personajes que pululan por la lectura se condensan en la peli para no abusar de la personalización y otorga un mayor protagonismo a otros integrantes de la División Azul.
Nos cuenta los 11 años de cautiverio al que sometieron a los soldados españoles por el mero hecho de ser eso: españoles. Y por rencor porque, ya lo dije antes, España era la única nación que había derrotado a los comunistas en el campo de batalla. Esos once años estuvieron presos, o secuestrados, sin arreglo a la Convención de Ginebra, sin Derechos Humanos y sin juicio.
Porque no tuvieron un juicio de verdad, sino amañado. Al más puro estilo de las checas republicanas, que es lo mismo que hablar de los juicios populares posteriores a la Revolución de Octubre y es lo mismo que hablar de los juicios del Tribunal Revolucionario en la Revolución Francesa.
Sin Justicia
Es decir… si se daba el caso de que sí había un juicio, se juzgaba con la sentencia publicada de antemano: una farsa y una pantomima para dotar de veraz, y de legal, al trabajo de los justicieros, que no de los jueces. Es un salto atrás en el tiempo, a los años de la Convención Nacional en la Revolución Francesa.
En esas estaban los soldados españoles, a quienes privaban no sólo de juicio, sino de los paquetes de la Cruz Roja y de cualquier cosa que pudiera haber permitido que vivieran con algo de dignidad. Cartas, comida y ropa… los soldados españoles no tenían derecho a nada.
El resto de presos políticos: alemanes, rumanos, italianos… todos ellos tenían algún que otro buen trato y, a todos ellos, se les permitió regresar a casa después de la muerte del carnicero Stalin. Por cierto, os recomiendo una comedia que ya es divertida desde el mismísimo título: La muerte de Stalin.
Mientras estuvieron presos los demás «cruzados contra el comunismo» recibieron correspondencia de sus familias, alimentos y medicamentos de la Cruz Roja, descansos y la posibilidad de ser repatriados. Todo ello porque ninguno había vencido al comunismo.
Traidores
Claro que hubo traidores.
Algunos hicieron el caldo gordo a los rusos para huir del Gulag, nombre de los campos de concentración soviéticos.
Hombres débiles, frágiles, llenos de miedo y desesperados que se vendieron al enemigo a cambio de los placeres carnales con una moza rusa. Es curioso que los socialistas, los de aquí y los de allí usan siempre a las mujeres como objetos, como podréis ver en La vida de los otros, aunque el mejor ejemplo nos lo ofrece el DAO de Marlaska, a la sazón el jefazo de la Policía Nacional en España, puesto a dedo por el Ministro del Interior, dimitido esta misma semana por violar a una mujer policía.
Feminismo socialista en esencia pura. El apunte del DAO lo he incluido el 19 de febrero de 2026, en aras de la actualidad y para demostrar que lo que decía sobre el uso y el abuso de mujeres por parte del socialismo y del comunismo, es algo que llevan en su ADN. Lo mismo sirve para 1917, cuando violaron a todas las integrantes del Batallón de la muerte, femenino, creado para insuflar ánimos y estimular el alistamiento para la I Guerra Mundial que, para los 2.000.000 de alemanas violadas por los soldados soviéticos… como sirve para admitir que un presidente del Gobierno haya sacado rédito a los chiringuitos de prostitución de su suegro y sirve para la última víctima hasta la fecha, conocida, de las políticas socialistas, la del DAO.
Amén de esos favores carnales, también accedían, los traidores, a ropa limpia o nueva y de sus tallas. Una cama individual, doble ración de comida (es decir, dos platos de sopa al fía, en vez de uno). Por eso se vendieron algunos, porque no todos pueden ser héroes ni todos merecen ver sus nombres escritos en libros de gestas.
O sí… sí deberían ver sus nombres escritos, para vergüenza suya y para que sus familiares, y sus amigos, sepan que fueron cobardes y traidores, porque en su traición perjudicaron a los valientes. En su traición arrastraron, o tentaron a los leales. Con su traición fueron favorecidos mientras que los leales eran castigados. Sí, sí merecen que sus nombres se escriban y se recuerden.
Sin embargo los traidores vivieron la lealtad de la URSS en sus propias carnes. Cuando, años después, los españoles fueron repatriados, lo fueron todos menos los traidores que, como se habían pasado al enemigo, y habían jurado lealtad a Stalin y a la Unión Soviética, vieron, con lágrimas en los ojos, que los fuertes, los leales y los valientes volvieron a España. Tarde, pero volvieron, mientras que a ellos los retuvieron en Rusia como pago por su deslealtad. Y es que, ya lo decía el procónsul Quinto Servilio Cepión: «Roma no paga a traidores«.
Aviadores republicanos
Resulta paradójico leer en el libro, ya avanzado éste, cuando los protagonistas llevan un puñado de años secuestrados y se topan con un grupo de prisioneros, también españoles. Menuda suerte pensaréis. En Medio de la inmensa Rusia ir a coincidir con unos compatriotas.
Pero todavía es más curioso descubrir quiénes son y cómo llegaron allí los doscientos aviadores republicanos. Pertenecían al Ejército del Aire de la España republicana. Fueron a Rusia para terminar su instrucción como pilotos pero, al poco de llegar a Rusia, donde fueron recibidos como héroes, entre vítores, por los aviadores rusos, se enteraron de la amarga noticia del final de la guerra en España. El Ejército republicano se había rendido y los nacionales habían ganado.
Ya no hacía falta instruir a esos pilotos españoles. Por eso recibieron la mejor lección de comunismo que podría recibir, que debería recibir, todo comunista nacido fuera de Rusia. Los trataron como basura y les hicieron pasar las de Caín. Algunos lograron huir de allí, rumbo a la Argentina y a México, pero los más murieron fusilados, o exhaustos trabajando como esclavos, como si fueran divisionarios.
El verdadero comunismo
Eran comunistas españoles y los hicieron prisioneros.
Empezó la guerra en Polonia, pero no les permitieron alistarse para combatir en la ocupación de Polonia. Como tampoco dejaron a un puñado de pilotos que se había escapado del cautiverio y pedido asilo político en la Embajada de Francia que se alistaran en la Legión Francesa. Fueron a Rusia a formarse para luchar en el Ejército Rojo de la República, como buenos comunistas, y en Rusia descubrieron la verdad del comunismo.
Así descubrieron el comunismo, haciendo bunas las palabras del personaje de Sazatornil en el hijo del cura: «¿Usted es tonto porque es comunista o es comunista porque es tonto?«. Amén.
Los separaron, sólo algunos pudieron ir a terceros países hispanoamericanos. Los más fueron separados y enviados, como esclavos, a trabajar en minas soviéticas y se pudrieron en los campos de concentración tratados como enemigos.
Un grupo de ellos fue a parar al gulag en el que tenían presos a los protagonistas de esta peli y allí, como dice Torcuato Luca de Tena, las dos Españas se reconciliaron y finiquitaron la guerra entre hermanos y se ayudaron mutuamente.
Los marinos mercantes españoles
El Gobierno de la República vació el Banco de España y se llevó 510 toneladas de oro, de las 638 toneladas de oro que hacían de España la 4ª reserva de oro más importante del mundo entero antes de empezar la Guerra Civil. Se lo dieron a Rusia.
A priori para comprar material bélico para el Ejército Republicano.
Pero los rusos tomaron el pelo a la II República Española, y tararí que te vi. Mandaron armas obsoletas y ni la mitad de los tanques prometidos. Los de Negrín, se llenaron los bolsillos por el camino, como buenos socialistas que eran. Son los genes del PSOE. Sánchez, Zapatero, fieles a sus tradiciones…
La marina mercante iba y venía a Rusia para recoger material de guerra destinado al Ejército Rojo. Lo que no sabían era que de cada tres buques, uno se quedaba en Rusia. Las autoridades soviéticas requisaban el mejor barco de cada tres. Cambiaban el nombre, ponían la bandera de la URSS y el capitán español de turno se quedaba semi secuestrado de por vida en Rusia.
Se quedaron nuestros barcos, nuestros marinos, nuestros aviadores, nuestro oro y nuestros niños.
Esto no sale en la película
Nos lo cuenta su protagonista en el libro.
Y, ojo, que para cuando los divisionistas fueron hechos presos, los marineros y aviadores españoles llevaban ya unos cuantos años, por lo menos tres, presos en Rusia. Y estos últimos con mayor pesar, porque a los falangistas los habían apresado sus mayores enemigos, los comunistas, pero a los marinos y, sobre todo a los pilotos rojos les cogió por sorpresa verse prisioneros de sus amigos.
Por eso decía el capitán Palacios que los de la División azul constataron el mal que entrañaba el comunismo, aunque lo sabían, o lo intuían de antemano. Pero esos rojos, antifascistas y comunistas lo descubrieron en sus carnes, sobrepasados por la mentira, la maldad y la crueldad de sus amos rusos. El comunismo, el socialismo… inmensos bulos ideológicos.
Las rusas
Tampoco salen algunos episodios con mozas rusas. Sí vemos la del soldado italiano que es asesinado cuando se sale de la fila para recoger flores para una rusa. Pero no asistimos a los diálogos que tienen los españoles con ellas, y de verdad que esa es la parte más interesante.
Esas rusas eran empleadas por el Partido Comunista para realizar trabajos colectivos. No tenían nombres, sólo eran un número, y el partido las podía coger y llevar de un lado para otro para que trabajaran el campo, en las minas, en la industria o donde le diera la gana al secretario político de turno. Porque para ello eran sus esclavas.
Estas muchachas, en ratos libres, hablaron con los españoles y alucinaban cuando el español de turno contaba las cosas que podía hacer una mujer en España. Y cómo podía vestir, y elegir un trabajo, y los derechos que tenían las mujeres españolas. Y que podían conducir, y hasta tener un coche en la familia. Esto último chocó sobremanera en las cabecitas colectivizadas de esas mujeres que no conocían la propiedad privada y nunca habían montado en coche, como mucho, en transportes colectivos.
«Ya he hecho dos guerras contra el comunismo… y haría una tercera»
La maquinaria de propaganda rusa hizo que los soldados y, peor aún, muchos oficiales alemanes, sino todos, se hicieran comunistas. O lo fingieran, que todavía habría sido peor. Quizás no por convicción, pero sí por interés. A cambio de ropa, sopa, alguna que otra mujer (moneda socialista de ayer y hoy), correo de sus familiares y posible repatriación.
Los que no dieron su brazo a torcer fueron los españoles.
Cierto es que no faltaron cobardes traidores, como dije antes. Pues los hubo, pero en una proporción tan ridícula que sólo sirvió para evidenciar, si cabe aún más, la vileza de los traidores que sí claudicaron yrealzar la grandeza de los que resistieron. Por eso, y esto sí lo vemos en la peli, aunque, de aquella manera, los rusos se ensañaron con los españoles.
Ya dije antes que porque los habían vencido en el campo de batalla, en España. Pero también porque no lograban doblegar sus voluntades, ni quebraban su lealtad a España. Tampoco ponían precio a su lealtad, ni a su fe, ni a su anticomunismo. Y esto desesperaba a los rojos. Pero más aún a los oficiales del resto de las nacionalidades, pues el ejemplo que daban los oficiales españoles dejaba en evidencia la cobardía, y la falta de integridad, del resto, sobre todo de los alemanes.
Amenazas, torturas y ejecuciones
Por eso amenazaban a los oficiales españoles. Y hasta les preguntaban qué pensarían si después de sufrir lo que estaban sufriendo, volvieran a España y descubrieran que tenía un Gobierno comunista. De ahí la frasecita «he hecho dos guerras contra el comunismo y haría una tercera«. Si el pobre hubiera sabido que los socios preferentes del Gobierno socialista de España, en el siglo XXI, iban a ser los terroristas independentistas vascos, los golpistas catalanes, y los comunistas… se le habría caído la cara de vergüenza, y roto el corazón de pena.
De ahí la frase del italiano describiendo a los españoles como «los últimos caballeros sin miedo y sin tacha, estén orgullosos de ellos«. Esto lo dice a la hora de ponerse en contacto con las familias españolas de sus amigos divisionarios. Cosa que ocurrió porque soltaron a todos antes que a los españoles, y este italiano, en concreto, se prestó voluntario para llevar escondidas cartas de los presos a sus familias en España, pues los españoles eran los únicos que tenían prohibido el correo.
En la peli sí vemos un episodio en el que nuestro capitán se quita la guerrera porque le han arrancado las insignias de la División Azul, y de Falange. Luego le vemos en el economato, cuando le entregan una reciclada que había pertenecido al soldado italiano que había sido asesinado, disparado, cuando intentaba coger flores para la muchacha rusa. La sutileza de la producción hace que suene de fondo la melodía que él tocó con su flauta para la rusa.
En defensa de la civilización
La División Azul luchó en Rusia en defensa de la civilización.
Según tengo entendido, la peli tuvo buena acogida en España, aunque algo fría por parte de los falangistas pues vieron que su mensaje nacional sindicalista perdió peso, en el guion, a favor de la religiosidad. Y también porque son pocas las apariciones del yugo y las flechas, y porque el Cara al sol se vislumbra, se insinúa, en algunas ocasiones, a lo largo de la peli, pero no de una manera explícita, ni acapara protagonismo alguno.
Como decían los amigos de Niebla de guerra, a los que mencioné al principio, quizás porque la España franquista estaba saliendo de la autarquía, y se estaba abriendo a los Estados Unidos, como vemos en la peli de 1953, Bienvenido Míster Marshall. A la sazón, segunda peli de Luis García Berlanga, y segunda peli suya citada en este comentario, tras Todos a la cárcel. Y, quizás por eso, resultaba un pelín incómodo reavivar la memoria de los héroes caídos en Rusia. Ya que menciono al divisionario Berlanga, os recuerdo que La vaquilla también es suya. Para mí, la mejor peli sobre la Guerra Civil Española.
Ojo, no por caer en Rusia, sino por combatir, codo con codo, con los alemanes. Porque, precisamente, en plena Guerra Fría, esos mismos divisionarios habrían merecido un altar y más sus cautivos, que no cedieron a las torturas, a los castigos, a la explotación, la esclavización ni al lavado de cerebro. Sólo tras La muerte de Stalin vieron la luz, a modo de repatriación y llegaron, de vuelta, a casa en el buque turco Semínaris.
Sólo se quedaron en Rusia los muertos. Y vivos, los traidores que habían abrazado el comunismo, y a Rusia, por 30 monedas de oro que compraron sus prebendas durante el cautiverio pero haciéndoles perder el derecho a regresar a España.
Embajadores en el infierno en Youtube






