Septiembre 5 - 2024 - Tim Fehlbaum - USA - Periodismo y cine - Wejoyn - 2024 - el fancine - Web de cine - Blog de cine - Podcast de cine - Alvaro Garcia

Septiembre 5

Tabla de contenidos

Septiembre 5 es una genialidad de película. 91 minutos de tensión que pasan volando. Tanto que, cuando termina, parece que acaba de empezar. Eso solo es posible lograrlo mediante un guion excepcional, de los que te reconcilian con el cine de primerísima calidad.

La pena es que ha pasado desapercibida. Lo digo en pretérito perfecto compuesto, porque ha durado solo un par de meses en cartelera, como todo el cine bueno, y artesanal. Me refiero al buen cine, el que no está trufado de efectos digitales, gratuitos y metidos con calzador de nuestros días. Me llevó a verla mi amigo Chema, mi ojeador de pelis como El buen italiano o The Arctic convoy e incluso Onoda: 10.000 noches en la jungla, El hombre del norte y Vencer o morir. Títulos menores de películas mayores a los que sumo otras rarezas como TETRIS y el anime The first slam dunk.

Periodismo y cine

No son pocas las pelis que reflejan y/o recrean el periodismo en el cine. Con suertes dispares, claro está. Pero sí son pocas las que, siendo (casi diría) artesanales, reflejan un mundo, una vocación y una profesión con maestría. Hay clásicos (muchas de esas pelis las encontraréis en la categoría de Periodismo y cine en el fancine) cuyos títulos merecen que te pongas de pie y aplaudas: Casi famosos, En el nombre del padreGernika y Volver a empezar serían buenos ejemplos.

No me arrugo a la hora de incluir, por derecho propio, este título entre los mencionados. Y en un puesto destacado, porque logra atraparte desde el primer minuto y no afloja su presa hasta que empiezan a desfilar los títulos de crédito finales por la pantalla.

Y cuando afloja su presa es como cuando despiertas a un hipnotizado con un chasquido de dedos. Entonces pasas a ese estado en el que te quedas anonadado por la gran película que te has metido entre pecho y espalda, y más si, encima, está basada en hechos reales. Este es el tipo de sorpresas que uno disfruta cuando se apagan las luces de la sala y empiezan a proyectar la película.

Esta peli plantea, como pocas, el debate ético al que se enfrentaron los periodistas qeu cubrían la noticia: ¿Emitimos el secuestro en directo? ¿La audiencia está preparada para ver un asesinato en el salón de su casa? ¿Cortamos la señal para que los terroristas no vean los movimientos de la poli porque los estamos retransmitiendo? Todas esas preguntas, y muchas otras, se hicieron en las 22 horas que duró el episodio más trágico de la Historia del olimpismo.

Juegos olímpicos de Múnich 1972

La banda terrorista palestina Septiembre negro secuestra y asesina a once miembros del equipo olímpico israelí en los juegos olímpicos de Múnich 1972.

No aviso de espóiler porque es un hecho histórico ocurrido hace cincuenta y tres años. Y lo resumo, para situaros en el contexto de la película. Sobre todo a los más jóvenes, que necesitan empaparse de Historia para comprender el presente aprendiendo los sucesos del pasado.

Los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 se vieron enturbiados cuando ocho terroristas secuestraron al equipo olímpico israelí y asesinaron a once atletas (entre deportistas y entrenadores)vpor el delito de ser judíos e israelíes. También asesinaron a un policía alemán. Mientras duró el secuestro pidieron, exigieron, la liberación de 234 terroristas encarcelados en cárceles israelíes. En la peli vemos que también pidieron un avión, para huir a Egipto, y dos helicópteros para trasladarlos hasta la pista de despegue.

Septiembre negro

También vemos, en un alarde de verismo y de realismo, un tiroteo en el aeropuerto. Pero no lo vemos in situ, sino en la distancia. A modo de ráfagas de fuego blanco sobre el fondo oscuro de la noche berlinesa. Como os decía, un alarde de ingenio por parte del director, pues pudo haber fantaseado y haberse sacado de la manga una escena para el tiroteo, pero se ciñe al campo de visión de los periodistas que vieron el tiroteo desde la distancia. De este modo se asegura, el director, incluir una escena de acción sin tener que grabarla. Por la producción, por el presupuesto, pero, y este «pero» es para bien, para rescatar las imágenes reales, las de archivo, e insertarlas en la película por lo que todo cuanto vemos de acción es la acción real que los espectadores vieron en sus televisiones.

Pese a todas las dificultades logra generar tensión en los protagonistas de la peli, testigos del intercambio de disparos y ellos, con su silencio, su miedo y su impotencia, emanan su angustia fuera de la pantalla y se la proyectan a los espectadores.

Sabemos el final del suceso. De antemano.

Pero asistimos al tiroteo como quien alberga la esperanza de que se reescriba la historia, al más puro estilo Érase una vez… en Hollywood, para darnos el gusto de ver vencer a los buenos. Pero la vida real es cruda, ruda, dura e inmisericorde, y ese instante en el aeropuerto fue donde y cuando hicieron la escabechina. También murieron cinco de los ocho terroristas. Los otros tres pasaron un par de meses en prisión, pero los dejaron salir, creo recordar, como moneda de cambio por los pasajeros de un avión de Lufthansa secuestrado.

Mossad

Los israelíes se tomaron la Justicia por su mano y miembros de operaciones espaciales del ejército israelí, junto con agentes del Mossad, ejecutaron la operación Cólera de Dios, a modo de venganza, dirigida contra esos terroristas liberados y creo que contra algunos de los ideólogos o autores intelectuales de los hechos. Buscaron, persiguieron y eliminaron (mataron) a miembros de la OLP, Al Fatah y el propio Septiembre Negro dispersos por medio mundo.

Si queréis saber en qué consisten estas operaciones os recomiendo ver la serie israelí Fauda. Ahora que acaban de estrenar su cuarta temporada. Una serie impactante que empieza a un nivel altísimo y no hace más que mejorar temporada tras temporada.

Vergüenza olímpica

Que conste que no entraré en lo woke ni mencionaré el esperpento degenerado y decadente, cuando no grotesco y grosero de las Olimpiadas de París 2024… un atentado intelectual contra la cultura y los valores de Occidente.

Una de las cosas que ensucia al olimpismo es su extrema politización. Uno de los ejemplos fue intentar obviar y arrinconar este suceso por partida doble.

Volviendo a los hechos de la peli, a corto plazo el Comité Olímpico Internacional tomó la decisión de seguir disputando todas las pruebas deportivas que estuvieran programadas para ese día con el fin de restar importancia al secuestro y para aparentar normalidad. Sin comprender que se estaba viendo en directo en el mundo entero por ser las primeras olimpiadas retransmitidas por televisión a nivel mundial. A largo plazo este atentado, pese a revolucionar Múnich 1972 se arrinconó en la memoria histórica, que siempre es selectiva y parcial, hasta cincuenta años después. Ese fue el tiempo que se tomó el movimiento olímpico para reconocer el atentado antisemita y en poner placas conmemorativas en sus sedes para honrar a las víctimas.

En esencia, el olimpismo debería ser apolítico. Pero el mero hecho de permitir que se celebren en países sometidos a una dictadura pervierte y corrompe la esencia misma del Deporte. La Alemania nazi, la Unión Soviética y la China comunistas han sido organizadoras de estos encuentros que solo sirven para blanquear y legitimar a sus dictadores.

Si vis pacem, para bellum

Alemania huía del nacismo.

Yo tengo amigos alemanes que siguen fustigándose por lo que hicieron los nazis.

Es bueno, muy bueno, reconocer que los nazis fueron unos asesinos desalmados y merecían revivir mil veces la derrota que sufrieron, para laminar su orgullo y humillar su soberbia. Pero esto se lo deseo a los nazis que mataron a los judíos, no a sus hijos, ni a sus nietos o sus bisnietos.

Me refiero a que los nietos de los nazis siguen humillándose por lo que hicieron sus abuelos. Sin ser ellos mismos nazis. Esto ha lastrado el orgullo alemán y lo han pagado hasta nuestros días, cuando titubean a la hora de comprender la importancia de tener un ejército europeo que nos proteja de amenazas nuevas, como la del terrorismo fundamentalista de la peli, de nazis como los del pasado y de Rusia y del comunismo como en los últimos cien años y más desde la invasión de Ucrania.

Eso mismo les pasó en Múnich 1972. Esas olimpiadas fueron una apuesta de toda Alemania para demostrar que los chicos malos de la Europa central habían cambiado y ya no iban por ahí matando judíos. La arquitectura jugó un papel importantísimo, en esta declaración de intenciones: la Villa Olímpica, y el Estadio Olímpico se convirtieron en un circo. Literalmente, pues su estructura presentaba carpas inmensas cuyo dinamismo y sensación de temporalidad efímera zanjaba la arquitectura monolítica nazi del Berlín olímpico de Hitler.

Pacifismo letal

La estrategia de comunicación antes, durante y después de la fiesta olímpica se planificó para que el mundo entero viera en directo, por primera vez, una Alemania desmilitarizada, sin represión policial y multicultural.

Por eso, cuando llegó la hora de la verdad y la multiculturalidad secuestró y asesinó a los periodistas, deportistas y entrenadores judíos, los alemanes se bloquearon. No sabían qué hacer, de ahí que siguieran las olimpiadas como si nada estuviera pasando. La ABC Sports tomó las riendas de la comunicación y de la información, porque se produjo un vacío por parte de los medios alemanes, los medios anfitriones, porque se quedaron atenazados ante una agresión a judíos en territorio alemán. Su plan se vino abajo.

La careta del pacifismo y de la multiculturalidad se resquebrajó cuando comprendieron que no tenían un ejército preparado para defenderse ni una policía formada para hacer frente a los terroristas. Comprendieron su impotencia, su inoperancia y su inutilidad pacifista de brazos abiertos para todos con paz y amor con el peisodio terrorista.

Alemania demostró que sus alemanes eran más pacifistas que nadie. Y puso de manifiesto su incapacidad para hacer frente a una amenaza real. Los únicos beneficiados de este episodio fueron los terroristas que humillaron a la policía de Múnich y al ejército alemán y, por extensión, a su Gobierno. Impotentes, inoperantes e incapaces de lidiar una situación tan desesperada como esperable y avisada. Lograron captar y retener la atención del mundo entero durante veintidós horas llegando a manifestar, días más tarde, uno de los terroristas detenidos, que no habrían logrado más atención ni aunque hubieran atentado contra la Casa Blanca o el Vaticano.

11 muertos después…

Once muertos después comprendieron que habían apostado por una farsa de sociedad. Sin comprender que la PAZ, la de verdad, la que conlleva libertad, no es un regalo. La paz es el bien más preciado que puede disfrutar el ser humano, pero siempre habrá otros seres humanos dispuestos a arrebatártela, a conquistar tu sociedad, tu nación, tu continente, a imponer su credo o su ausencia de tal, y a someterte y a obligarte a renunciar a tu propia identidad.

Europa sigue sin comprender, pese a haber sufrido al nacismo y al comunismo que si quieres paz tienes que luchar para conseguirla y seguir luchando para preservarla. Y si bajas la guardia, tendrás que volver a luchar para recuperarla. Nos pasó mediado el siglo XX y, con las diferentes amenazas que sufre la cultura europea en la actualidad, si no nos ponemos las pilas…

Es curioso ver cómo se repite la Historia, una y otra vez. Y en esa Historia, Alemania arrastra a Europa, y al mundo entero, al desastre, una y otra vez. Por activa (con Hitler o Merkel) o por pasiva, (con Lenin y Putin).

Hubo alertas que avisaron a las autoridades germanas del peligro que corrían de ser el blanco de un atentado durante las olimpiadas. La amenaza estaba en el ambiente, con grupos terroristas de izquierdas y paramilitares de ultraderechas, y de ultraizquierda, así como islamistas, cuyo vínculo era el antisemitismo.

No hay más ciego que el que no quiere ver

Pero prefirieron demostrar al mundo entero lo pacifistas que eran y obviaron, e ignoraron, todas las alarmas y no dieron su brazo a torcer hasta que pasó lo que pasó, y fueron puestos en evidencia y en vergüenza, por un grupo de terroristas armados hasta los dientes.

Los juegos no se interrumpieron, porque lo importante era su mensaje de alegría y deportividad.

Aunque los terroristas estuvieran volando los sesos a los deportistas judíos al tiempo que la familia olímpica se fascinaba con las distintas disciplinas deportivas. Un sinsentido y una incongruencia sin igual que demostró en qué manos estaba el deporte olímpico.

Un guion sin fisuras

Ese es el marco de Septiembre 5, el continente. Su contenido es un guion sin fisuras que supura amor al cine en cada uno de sus renglones. Un guion que recrea, con verdadero buen gusto el trágico suceso sin entrar en detalles, sin mostrarnos a los verdaderos protagonistas de la noticia. No vemos ni a los asesinos ni a los asesinados, solo a los testigos: a los periodistas, convertidos, ahora sí, en nuestros protagonistas.

Testigos… y amplificadores de la noticia, pues ellos fueron tan testigos como altavoz para dar a conocer el horror del terrorismo al mundo entero. Los periodistas fueron los intermediarios que nos contaron (plural magiestático pues yo ni había nacido, soy de 1974) en directo la noticia.

Ahí radica el éxito de ese guion que califico «sin fisuras«. Porque lo es.

Como decía al principio, porque empieza la peli y te seduce un par de minutos recorriendo pasillos, viendo monitores, cámaras, lucecitas y mesas de sonido. Cuando quieres darte cuenta, estás enredado en sus diálogos, acariciando la celulosa de su cinta y mordiéndote el labio cada vez que los personajes callan y terminas encendiéndote un cigarro con sabor a 91 minutos de tensión acumulada que te han sabido a veinte por su intensidad.

Septiembre 5

Ahora empieza lo bueno del comentario.

Espero ser de la capaz de plasmar, cuando menos reflejar la atmósfera angosta, oscura y rancia de la película.

Angosta porque no saldremos de un estudio de televisión. De la sala del regidor que visualiza tantas pantallas como señales tiene provenientes de las cámaras que ha desplegado. Esas cámaras siguen sus indicaciones, en remoto, para captar la noticia en tiempo real.

Oscura porque nos da igual que sea de día o de noche. La luz que predomina en toda la peli son luces indirectas para mantener la penumbra necesaria que permita al realizador ver con claridad los monitores de televisión que tiene en frente para ir dando las directrices necesarias para que lleguen las imágenes que él elija al público. Esto genera una atmósfera intimista y agobiante. Solo así comprendemos la dureza, y la soledad de la responsabilidad, de quien se pone al timón para intentar gobernar un barco repleto de noticias que puede agonizar en calma chicha si no se toman decisiones, o hundirse en altamar o empotrarse en el puerto si toma las incorrectas.

Paréntesis vintage

Al hablaros de los monitores olvidaros de las teles que tenemos en nuestros días. Os hablo de las teles en blanco y negro de los 70’s. En Europa, pues ya se encargan de decirnos que por entonces los estadounidenses ya tenían teles en color. Yo recuerdo el salto del blanco y negro al color, y de un canal a dos, y luego a cuatro… con nostalgia.

Ya a mediados de los 80’s teníamos en mi casa una tele SAMSUNG en el salón, en color, y otra pequeñita, de blanco y negro, en el dormitorio de mis padres. Las dos con antenas que había que mover de vez en cuando para sintonizar los canales. El mando a distancia era yo, el hermano pequeño. Yo me levantaba para subir o bajar el volumen y para cambiar los canales. Y, por descontado, era el que se ponía a mover la antena esperando a que me dijeran «ahí, ahí, ya se ve». Lo mismo me pasó cuando llegó el VHS a casa, dando al «traking«. Esto último lo entenderá el que lo haya vivido.

Vía satélite

Hago este paréntesis vintage porque sirve para mejor entender la peli entera. De hecho, veremos mogollón de detalles que hoy en día podrían parecer hasta rancios, de puro artesanales. Porque total no ha cambiado el panorama en materia de emisiones televisivas en directo.

La retransmisión de los Juegos Olímpicos de 1972 fue la primera que se hizo a nivel mundial vía satélite. Con un satélite. Y la cobertura mediática, que fue total por primera vez, estaba condicionada por la órbita del mismo alrededor de la Tierra. Ahora tenemos constelaciones de satélites y hay mas tráfico satelital orbitándonos que tráfico en hora punta de cualquier ciudad.

ABC sports

La peli empieza con la incorporación del nuevo realizador de la cadena ABC News.

No goza de gran experiencia, pues tan solo ha retransmitido partidos de voleibol, pero ahí llega, y aparenta tener personalidad. Tampoco recuerdo a la perfección si era el nuevo, o simplemente un suplente para cubrir los horarios de menor audiencia. Pero ahí está. Le dejan al frente de la retransmisión matutina de los Juegos Olímpicos.

Su señal se utilizaba para las televisiones del mundo entero y duraban mientras el satélite reproducía su señal. La órbita del satélite condicionaba las horas de emisión, y los derechos de retransmisión que, si recuerdo bien, eran mitad de la ABC Sports y mitad de otra cedena de televisión, para cuando no les cubriera el satélite.

Los periodistas deportivos de ABC Sports dejaron las retransmisiones deportivas para cubrir, en exclusiva, el secuestro, en directo. Esto significó tener que pactar con la otra cadena de televisión para seguir emitiendo su señal, sin cortársela la otra cadena cuando el satélite estuviera en el otro lado del planeta. A cambio metieron su mosca en las pantallas para mantenerse al frente de la noticia durante las 22 horas que duró el secuestro, derivado en tragedia y múltiple asesinato.

Tele 100% analógica

A ver si soy capaz de ordenar los pensamientos que se me agolpan en la cabeza… Para empezar toda la tecnología es analógica. Es decir, olvidaros de cualquier aspecto digital. Cámaras de televisión; Teléfonos de baquelita (para hablar con la novia teníamos que sentarnos en el salón con toda la familia alrededor…); Películas para revelar; Walkie talkies; y el WhatsApp de la época: máquinas taquigráficas.

Todo eso, como os decía, lo llevamos ahora en el bolsillo. Con nuestros smartphones podemos emitir en directo, editar, sobre impresionar en pantalla, añadir subtítulos, música o sonido, llamar, escribirnos a distancia y enviar vídeos o fotos en tiempo real.

Pensad en necesitar un trasto de medio kilo para poder hacer cada una de esas cosas: así estaban de fuertes los periodistas de los 70’s. Si a eso le sumáis que para informar sobre una cosa se desplazaban en vez de buscar información a granel, en Google, o en vez de traducirla de un medio extranjero: eran pura fibra, y las noticias eran noticias de verdad porque, a diferencia de los periodistas de hoy, los de entonces sabían escribir, redactar y hablar en la tele y en la Radio sin patear al diccionario confundiendo preposiciones, conjugando mal los verbos y sin implementar lenguajes inclusivos que distorsionan la comunicación y pervierten los mensajes.

Lo más entrañable es ver como uno de los técnicos desmonta un teléfono, de los de baquelita, para poderlo usar sin las manos y poderlo poner con altavoces. El teléfono destripado ocupa el mismo espacio que un dragón de Comodo regurgitando su presa encima de los monitores del centro de control.

El pirulí – Torrespaña

La mosca que cité antes es el detalle que más me ha gustado. Y el que más gracia me ha hecho. La mosca y cómo hacían los rótulos que acompañaban a las noticias. Primero os explicaré qué es esa «mosca«. Es el logotipo de la cadena de televisión que vemos en alguna de las esquinas del monitor. Siguen incluyéndose en nuestros días, pero ya de modo digital. Antaño, tanto esa mosca como los rótulos, eran piezas físicas que se superponían sobre la pantalla que se usaba para grabar y eso era lo que se proyectaba y emitía de cara al público.

Muchas de estas cosas las aprendí en el pirulí, la torre de telecomunicaciones Torrespaña que hay en Madrid, en O’Donnell. Antaño era de TVE y allí trabajaba la madre de un amigo y, de vez en cuando, nos llevaba y yo me hartaba a curiosear. La mera sensación de subir 200 metros y sentirte en un búnker, pero en medio del cielo, y saberte en el epicentro de la televisión de toda España daba vértigo, tanto en sentido físico como figurado.

La peli

Los primeros minutos de la peli transcurren presentándonos a los personajes, que son los periodistas que trabajaban cubriendo los Juegos Olímpicos. Hasta que se oyen disparos. Disparos, cohetes, petardos, quién sabe qué. Pero eran disparos y la noticia empieza a correr como la pólvora por la villa olímpica. Y llega al grupo de periodistas. Deciden mandar a alguien para corroborar el rumor, y ese alguien lo corrobora. Unos terroristas han asesinado a dos atletas israelíes y han secuestrado a unos cuantos más.

La mayor virtud de la peli es que trascurre, casi en su totalidad, dentro de la sala de producción, o de realización de la ABC Sports en la olimpiada. Y sin embargo no resulta agobiante. Si dura 93 minutos, 85 largos los pasamos metidos en esa lata de sardinas oscura. Logra que sintamos y percibamos la tensión que supuso la toma de cada decisión. La primera de todas fue sacar una de las cámaras de estudio a la calle para filmar la fachada del bloque de apartamentos en el que estaban los islamistas con ella.

La segunda fue apostar alguno de los fotógrafos, y redactores, en el edificio de en frente. El lugar idóneo para testigos privilegiados. Y no olvidemos que todas estas buenas decisiones, empezando por cambiar la naturaleza de sus noticias para cubrir un atentado las tomó ese realizador nuevo. Con la ayuda, inestimable, de una redactora local que estaba allí con ellos. Capital porque, siendo alemana, podía traducirles las noticias germanas y las comunicaciones de la policía tudesca. La redactora es Marianne Gebhardt, interpretada por Leonie Benesch, la profesora novata en Sala de profesores.

900 millones de espectadores

Esas olimpiadas llegaron a 900 millones de telespectadores. La labor era ingente pues tenían que filmar las pruebas deportivas, como si se tratara de una película, revelarlas y, entonces, proyectarlas. Otro ejemplo de cómo ha cambiado el mundo con la irrupción de la era digital.

Para empezar hoy en día todos llevamos un móvil en el bolsillo. Y con él podemos emitir una noticia en directo y llegar desde España a Argentina, Nueva Zelanda y Sudáfrica en tiempo real. Emitir y recibir comentarios, pues las nuevas comunicaciones sociales se hacen bidireccionales. ¡Yo mismo fundé una red social especializada en geolocalización! Y, después, intentamos reinventar el negocio geolocalizando flotas de vehículos, y compramos antenas satélite para poder emitir por Iridium… como os expliqué en Capitán Phillips al hablaros de mi etapa como emprendedor digital con Wejoyn.

¿Por qué menciono esto? Porque también vemos detalles que las nuevas generaciones no terminarán de entender, y por eso se lo explico. Como hice a propósito de la tecnología que llevó a Neil Armstrong a la luna, igualmente analógica, como explico en El primer hombre.

Paradoja informativa

Lo curioso del despliegue mediático es que los periodistas, que tan buen trabajo estaban haciendo, estaban ayudando, sin pretenderlo, a los terroristas.

Mediada la peli, o mejor dicho, mediado el secuestro vemos que la policía de Múnich manda unos cuantos francotiradores, o no francotiradores, pero sí a un grupo de operaciones especiales para vigilar y, en última instancia, asaltar el apartamento de la villa olímpica en el que estaban secuestrados los israelíes.

Toda Alemania vio a esos policías. Y toda Europa. También toda América, Asia, Oceanía… Todo el mundo tuvo acceso directo a los policías que merodeaban las azoteas de la villa olímpica. Esto era genial, salvo por un detalle… También podrían estarles viendo los terroristas.

Es más, usaron sus teleobjetivos para ver, a través de las cortinas que, efectivamente, los terroristas estaban viendo la cadena ABC Sports y, por lo tanto, estaban al tanto de cada movimiento de la sagaz y astuta policía muniquesa disfrazados de deportistas, con chándal y metralletas. Atletas con metralletas… Ese era el nivel de quienes velaban por la seguridad y la integridad de todos los que acudieron a Múnich por las olimpiadas: deportistas, entrenadores, cuerpos médicos, voluntarios, periodistas, espectadores…

Lo que no sale en la peli es el uniforme que usaba la poli durante las olimpiadas: un traje de paisano, con chaqueta azul con gorra blanca, para redundar en su mensaje de la desmilitarización de Alemania. Esto no hace sino reflejar la máxima de «(….) los tiempos fáciles crean hombres débiles«. Eso en 1972, que en 2025 estamos en la siguente etapa del dicho: «los hombres débiles crean tiempos difíciles”.

Terrorismo en el cine

No es la primera peli sobre terrorismo que comento en el fancine. Por aquí han pasado títulos como El lobo, Chacal, 7 días en Entebbe, 12 valientes, En el nombre del Padre y ya os adelanto que no tardaré en comentar La infiltrada.

Aquí os dejo los enlaces a esas películas…

Otras películas

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