El mohicano es un gesto de rabia desmedida. Un revolverte con coraje y decisión ante la injusticia. Es la reacción deseada para frenar a los indeseados que parecen campar a sus anchas atenazando a las personas de bien.
Esta película refleja una de las mil caras del crimen que campa impune por una Europa cuyos legisladores parecen obsesionados con proteger los derechos de los criminales ignorando los de sus víctimas. El caso de la peli es muy concreto, y el mal que describe, también. Pero a todos se nos ocurren decenas de ejemplos de injusticias cometidas por delincuentes, y criminales, reincidentes sin que sus delitos y/o sus crímenes les pasen factura alguna.
Justicia injusta
Es el grito silencioso de una Sociedad que clama Justicia y que no se la toma por su mano porque sigue creyendo en una Institución que te ampara. Hasta que comprendes que el verdadero amparado es para el criminal y su víctima se siente doblemente ultrajada cuando comprende que a quien protege la Ley, y los que la redactan, es al agresor y no a su víctima.
Las autoridades no nos defienden, la justicia no nos defiende y los políticos legislan a favor del malhechor.
En el caso de España, además, porque los malhechores son quienes legislan. Para colmo, tampoco nos permiten defendernos y, cuando somos víctimas, tememos revolvernos por miedo a ser nosotros, los ciudadanos de bien, los que demos con nuestros huesos en la cárcel. Como José M. Lomas, el anciano que se defendió cuando entraron a robar en su casa y, en defensa propia, mató a uno de los asaltantes. Al final la Fiscalía, que parece trabajar para los criminales, logró meterle entre rejas. A él cuyo único delito fue hacer frente al mal.
Hecha esta introducción al panorama legal en Europa, cambio de tercio y os hablo de El mohicano. Una pelo
Eso ocurre en El mohicano
Bien es cierto que en esta peli no llega a intervenir la Justicia. Pero no es menos cierto que el mohicano no termina en manos de un juez, ni de la mafia que le persigue, a cara de perro, para terminar con él. Huye, y huye y huye… ¿Pero de qué? ¿Y quién es el mohicano?
Ahora os lo explico.
El mohicano es un cabrero corso. Pero antes de ser un personaje popular por su huida hacia delante, era un ciudadano de bien que dedica su existencia a cuidar sus cabras en una región agreste, manteniendo viva una tradición milenaria como ganadero humilde. Hasta que un mal día se presenta en su casa la mafia, una mafia que anhela las tierras del cabrero porque, siendo costeras, son el sitio ideal para meter droga en Francia.

Se plantan en su casa para hacerle una oferta que no podrá rechazar, frase sacada de El padrino, y nunca más acertada que en el contexto de la peli. Una mafia acostumbrada a pagar cantidades desmedidas por terrenos baldíos. Pone sus fajos de billetes encima de la mesa y los propietarios de esas tierras se deshacen en agradecimientos cuando ingresan fortunas por terrenos que no valen lo que cobran por ellos.
Pero el mohicano es diferente. Ama su profesión de pastor. Ama a sus cabras y ama la naturaleza de un oficio, el de cabrero, que le permite vivir con lo mas preciado que puede tener alguien de bien: la satisfacción de saber que aporta algo a la Sociedad de un modo decente. Por mucho esfuerzo, sacrificio y dolores de cabeza que le de su humilde negocio.
No a las drogas
Este muchacho no se manifiesta en contra de las drogas. Ni de las mafias. Solo sabe que la oferta que le están haciendo le cambiará su vida. En el plano económico para bien, pero en el emocional para maña, porque deberá dejar de hacer aquello que más le gusta, y porque ve que hay algo turbio detrás de esa oferta, y él no está por la labor de contribuir con esa causa.
Los mafiosos, que comprenden que han dado con un hueso duro de roer, le siguen, luego le persiguen y hasta le amenazan por si osa mantenerse en sus trece, y él, contra todo pronóstico, se mantiene.
En una de las visitas de cortesía, se produce un rifirrafe y, accidentalmente, mata al que le extorsiona, y es entonces cuando nace el mohicano, un héroe popular, de carne y hueso, que pone pie en pared para defenderse de la mafia. Y, mientras lo hace, ve caer a algunas de las personas más cercanas a él por el mero hecho de defenderle, o de ayudarle.
El poder de las redes sociales
Su sobrina, urbanita, va al pueblo, creo recordar que por vacaciones, y es testigo de lo que sufre su tío. Ella ayuda a su causa cuidando de las cabras mientras su tío se ausenta huyendo de la mafia.
Pero su verdadero papel es de altavoz, pues ella es quien lo denomina «mohicano«, en alusión a la película El último mohicano, por ser el último de su especie. Y no me refiero exclusivamente a ser cabrero, porque en la peli vemos cómo otros cabreros le protegen y le dan refugio. Lo del último mohicano va por su juventud, porque en la Europa del siglo XXI, ser joven y ganadero es algo en vías de extinción. Y eso que este es francés, que si fuera un agricultor español, o un ganadero. tendría a su propio Gobierno en contra destrozando su economía con impuestos o simplemente dejando que el fuego campe a sus anchas mirando para otro lado, como está pasando en este nefasto verano de 2025.
Es su prima quien le pone el mote y quien habla de él en las redes sociales para hacer de altavoz al problema y a la persecución que sufre su tío. Él irá alucinando cuando se vaya encontrando con la solidaridad del pueblo, y de la gente, en general haciendo que una halo de romanticismo invada sus actos, merecidamente. Al fin y al cabo se defiende de una mafia que no duda en matar a sus cercanos y rematarlos pagando a la Prensa para que deslicen «ajuste de cuentas» como motivos de sus asesinatos. Es decir, que la prensa y los periodistas se prestan para difamar a las víctimas de la mafia y ejercen de encubridores.
Pelis del Atlàntida Mallorca Film Festival comentadas en el fancine
Peli disponible en FILMIN
Accede a ellas pinchando en el cartel de abajo.
