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Whalefall

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Whalefall me ha molado mogollón.

No es un peliculón. Pero es muy entretenida y emotiva. Esta no es una de esas hamburguesas que os digo que me gusta comerme de vez en cuando. Es una pizza Big foot de Pizza Hutt y acabo de dar un salto en el tiempo para remontarme a 1992, en Minneapolis. Esa pizza Big foot no era redonda, sino rectangular, y era inmensa (21 raciones). También la llamaban Garbage pizza, porque, si bien te la hacían de tres ingredientes (bacon, ternera y cebolla para mí, por favor), te daban la opción de poner todos los ingredientes.

Muy en la línea de películas como 127 horas y Open Water (y su secuela Open Water 2). Películas que podrían ser historias reales, o no, pero verosímiles, que se convierten en historias de superación y de resiliencia (este palabro es como decir «aguantar lo que te echen encima, sin rendirte«). Películas vinculadas a uno u otro deporte de riesgo que terminan poniendo en verdadero riesgo a sus practicantes.

Eso es Whalefall, pero en el cine

Una gamberrada de película basada en una novela no menos gamberra. La peli es de 2026, dirigida por Brian Duffield, basada, como os decía, en la novela homónima de Daniel Kraus, de 2023. Al fin y al cabo el protagonista se pasará más de media peli metido en el aparato digestivo de un cachalote.

La peli trata de la relación nula, tóxica e inexistente entre el protagonista, Jay Gardiner, y su padre, un submarinista que está un poco (muy pero que muy) zumbado y obsesionado por la naturaleza, por el mar y por las ballenas en particular. Un tipo obsesivo compulsivo que no sabe disfrutar ni permite que nadie disfrute con lo que supuestamente más le gusta: el submarinismo.

Padre tóxico

Mitt, el padre, lleva su afición, y su pasión, tan al extremo, que saca de sus casillas a Jay, quien no tiene la capacidad innata del padre para sentirse en comunión con la naturaleza. Comunión obsesiva, enfermiza y hasta tóxica, pues antepone la naturaleza a su hijo, a su familia, a su trabajo y a todo, y por eso amarga la existencia a su hijo, a quién mira con desprecio porque le considera un pusilánime.

El típico padre endiosado por su hijo, quien agranda su figura por sus reiteradas ausencias y que, cuando le conoces, y no eres el hijo, descubres que no es más que un cretino insociable que se alimenta de empequeñecer a todos los que le rodean y de humillar a quienes le aman.

Ese es Mitt

Un necio que desprecia a su hijo porque ni ha sacado su físico, ni tiene la capacidad innata para desenvolverse como él en la mar. El salitre y el yodo fluyen por las venas del padre, no así por las del hijo. Lo que para el padre es místico y casi religioso, para el hijo es un vínculo con su padre y un entretenimiento como otro cualquiera. Lo que el padre hace en el mar, de modo intuitivo y natural, el hijo lo tiene que pensar, tiene que repensarlo y, aún así, muchas veces se atenaza porque tiene que seguir, de memoria, un manual, cuando el padre le exige que responda por meros reflejos.

El el padre obsesivo compulsivo que arrastra a su hijo en su megalomanía y lo absorbe y le aísla de todo y de todos proyectando en él sus inseguridades y su falta de empatía, de simpatía, y hasta de saberse relacionar con terceros porque los terceros hace tiempo que desaparecieron de su alrededor porque no le soportaban.

El suicidio como remedio

Sólo habrá un amigo, o alguien un pelín más cercano al padre, uno que salía con él a pescar, el único que estuvo con el padre cuando este, enfermo terminal, prefirió arrojarse al mar, y suicidarse, antes que enfrentarse al tratamiento y a una muerte lenta alejado del mar y de las ballenas.

Porque de eso va la peli en realidad. Por un lado de un padre luchador y peleón que se rinde a la muerte y decide no pelear, ni luchar, y sí cargarse de lastre, (plomos para inmersiones), y saltar al mar abisal para terminar en el fondo como alimento para la fauna marina, emulando a las ballenas.

El hijo, asqueado y harto del padre, había hecho las maletas y viajado al interior, huyendo del submarinismo, huyendo del mar y huyendo del padre. Por eso le vemos regresar destrozado, para acudir al velatorio de su padre, o al entierro, no lo recuerdo, a pesar de que no hay cuerpo que enterrar porque yace en el fondo del mar.

Por amor propio

Estos son los ingredientes que vamos descubriendo poco a poco, al comienzo de la peli, para poder comprender su falta de conexión con su padre. Su falta de conexión con sus hermanas y con su madre. Un chaval siempre juzgado y prejuzgado y comparado con su padre, que no admitía comparaciones.

Por eso, a modo de reto personal, de venganza, o de expiación de su conciencia, pues no terminó muy bien su último finde buceando con el padre… Jay decide armarse de valor, embutirse en el traje de submarinista y hacerse a la mar para rastrear el fondo marino en busca de los huesos del padre, para poder descansar en paz, ambos dos.

Por eso se aventura en una inmersión, en solitario, esquivando a la policía y los guardacostas que velan porque nadie salga a navegar, a surfear, a nadar y mucho menos, a bucear, por las condiciones climáticas y el estado de la mar.

Whalefall

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Ya me he metido de lleno en la película.

Me he saltado los preliminares y voy al grano. A la chicha. Al susto que se lleva el muchacho cuando bucea entre algas y se topa de bruces con un calamar gigante que huye de un cachalote que se lo quiere zampar.

El terreno no es el más apropiado para estos sustos, pues vemos que en esos momentos está buceando por una cornisa que lleva el fondo marino de unos 20m de profundidad a una profundidad abisal. Y en ese entramado de algas, y esa pared vertical, es donde Jay tiene que poner aletas en polvorosa (que no pies) porque las idas y venidas del calamar le terminan asustando por la exagerada proximidad con que el cachalote pasa junto a él,

Hasta que termina por zamparse al calamar y éste, en plan capullo integral, alarga un tentáculo y lo enrolla en uno de los pies del Jay, y le arrastra consigo a la boca del cetáceo. Y el cetáceo se quiere zampar al calamar, con o sin guarnición. Y se los traga a los dos.

Angustias y reflujos

A partir de aquí todo son angustias.

Cuando se lo come el cachalote le quedan unos 40 minutos de oxígeno. Pero es que, además tiene que pelear con el calamar, que también se lo quiere zampar una vez dentro del cetáceo. Si no quieres sopa, toma dos tazas. Así nos enc0ntramos con el protagonista de la peli, metido en el estómago del cetáceo, con una cuenta atrás para intentar sobrevivir a una experiencia que amenaza con arrebatarle la cordura primero y la vida después.

Lo de la cordura es porque mientras tenga oxígeno seguirá plenamente consciente dentro de la ballena. Lo cual, en español castizo se definiría con un «manda güévos«. De aquí vienen las angustias con que he titulado este bloque. Los reflujos son porque antes de espicharla el muchacho se exponer a ser corroído por los jugos gástricos del animal. Está siendo consumido por sus ácidos, en vida y las manos, que las lleva desprotegidas, pues salió a bucear sin guantes, empiezan a descomponerse.

Es el «más difícil todavía«.

Antecedentes literarios

Jay Gardnier no es el primer personaje literario que termina en el estómago de una ballena. Le precedieron Hércules, Pinocho y Jonás… Digo literario porque, como os decía antes, esta peli es una adpatación de una novela.

  • Jonás se pasó tres noches y tres días dentro de un pez gigante, según la tradición hebrea. En la Edad Media se empezó a hablar de la ballena y con ella se ha quedado. La mencionan en Moby Dick, creo que en Master and Commander y en muchas pelis de marineros, pues implica, también, cierto componente supersticioso, y los marinos lo son hasta extremos inconcebibles
  • También cayó Luciano de Samósata, pero con barco incluido, para encontrarse un ecosistema integral dentro del estómago del bicho. Allí había bosques y lagos y clanes de náufragos que peleaban entre si
  • Hércules se arrojó dentro de una bestia marina para destruirla desde su interior
  • Pinocho huye por la boca, tirando de Gepeto, aprovechando el asma de la ballena y que duerme con la boca abierta
    • El Pinocho de Disney va más allá y prende fuego a una barca (creo recordar que era una barca) para que el humo les abriera camino

Orcas asesinas

Los naturalistas, o ecologistas, y los animalistas que solo han visto orcas detrás de un cristal, en un acuario se echarán las manos a la cabeza al leer lo de las ballenas asesinas. Yo me las echo a la cabeza cuando veo millares de kilómetros cuadrados con bosques de acero y molinos inútiles. Cuando veo presas y pantanos derribados porque los construyó Franco, sin pensar que la ruina que provoca su desaparición. También con la dana, cuando los torrentes de agua devastaron Valencia arrastrando toda la mierda del bosque que los ecolojetas prohíben eliminar. Por no hablar de los incendios forestales, que ya no nos dejan recoger ni las piñas del bosque.

Estuve a un tris de hacerme a la mar para navegar, a vela, de Valencia a Svalbard (en el Ártico). Una de las cosas que íbamos a documentar era el asalto de las orcas a los veleros, desde Portugal hasta el Mar del norte. Fue una pena no recaudar los fondos necesarios para lanzarnos a esa aventura. Aunque lo digo tomándome un cacao calentito con velas encendidas alrededor del ordenador… Pero vamos, que sí hay algunas orcas a las que se les ha ido la pinza y se dedican a romper las quillas de los veleros y a volcar las embarcaciones.

Ecologistas de salón…

Los ecologistas dicen que las gusta jugar. Yo les digo que se suban a bordo y jueguen un rato con esas bestias marinas, a ver si maduran de una ksldsñkfjskfdlkfndlkfnd vez y se dejan de ver la naturaleza como salida de Disney. Están destruyendo Europa con su política ecologista y no saben, la mayoría de ellos, lo que es hacer vivac y despertar en medio del bosque, ni en dormir al raso cubierto de estrellas. La única tienda de campaña que conocen son las de la Puerta del Sol, y se bañan en sus meados cuando no abusan de alguna incauta que se acercado para poner a prueba su inmunidad a los piojos y ha terminado metida en el fondo de ese laberinto de tiendas de campaña de Decathlon.

Pues esas ballenas, en cierto modo, serán las que salven al protagonista de esta peli, cuando se fijen en el cachalote y quieran darle caza para comérselo. Seremos testigos de una pelea, y una persecución, en las que el cachalote se sumergirá a profundidades abisales, reventando el tímpano del protagonista, y peleará y pedirá ayuda a los suyos que, al cabo de un rato, acuden en su auxilio.

La recta final

La peli se acerca a su final.

El aire de la botella de oxígeno, también.

El muchacho utiliza una medusa como linterna, y el pico del calamar, para trepar por el esófago del bicho, buscando una salida. Llega incluso a divisar un barco turístico, con turistas que están fotografiando al cachalote, pero ninguno se percata del muchacho que intenta salir por su boca.

Cada episodio viene acompañado por un flashback en el que vemos al cretino de su padre, y al muchacho apocado con sus broncas. En casa uno le pondrá verde por algún motivo concreto, pero vemos, ahora con los ojos del chaval, y con sus mirada madura, que cada bronca le sirve para aprender algo. Y esos algo son las cosas que irá haciendo el protagonista para buscar una escapatoria.

Una de esas lecciones le hace comprender, cuando tiene la playa a la vista, pero no le quedan fuerzas para volver a reptar por el interior de la ballena, que los ácidos gástricos, y los alimentos en descomposición, (él incluido) generan gas metano dentro del animal, y él lleva un poco de oxígeno comprimido, y unas pilas y una caja con lana de acero. Recuerda las lecciones de su padre, y aunque no lo dicen en la peli, seguro que sale en el libro, y sino en sus pensamientos, también recordará algún episodio de MacGyver… me da igual sea recordando a quien sea, provoca una explosión que revienta al bicho desde dentro y por fin termina a la deriva en la mar.

Se salva, pero se le desfigura parte del rostro y le tienen que amputar un brazo corroído por los ácidos de los jigos gástricos mientras estuvo en el esófago del cachalote.

¿Qué es el whalefall?

Literalmente, la caída de la ballena.

Es cuando muere una ballena y sus toneladas de carne se desploman al abismo marino. Cuando reposan en su lecho, a 200 o 2000 metros de profundidad, esa ballena da vida a todo un ecosistema que genera desde sus entrañas, generando fauna y flora marina a su alrededor.

Eso es lo que su padre quería para sí mismo, por su pasión por la naturaleza y por las ballenas. Ser pasto del mar para dar vida al mar a través de su descomposición.

Películas mencionadas

Otras películas

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