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Ivanhoe

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Ivanhoe es uno de mis títulos navideños.

No porque tenga relación directa con la Navidad, sino por mis vivencias de pequeño. Yo vivía (y vivo) en Madrid, pero la familia de mi madre era de Plasencia, Cáceres. Entonces, cuando era pequeño, solíamos viajar el día de Nochebuena a Plasencia, para reunirnos toda la familia. Íbamos desde Madrid, Sevilla y mis tíos ingleses venían desde Scarborough, en York.

Nosotros solíamos llegar por la mañana del 24 de diciembre, antes de la hora de la comida, y todos, menos un servidor, se iban «de chatos» a tomar el aperitivo. Digo «menos un servidor» porque nunca me ha gustado ir de bares, por lo que yo me quedaba comiendo el primero el clásico picadillo de cerdo que me preparaba mi abuela, con patatas fritas y huevos. Lo hacía especial para mí, porque me apasiona el picadillo, tanto como el cabrito en cochifrito, no sabría deciros cuál me gusta más.

Peli + Torneo de Navidad del Real Madrid

Pues bien, tras almorzar, me sentaba en uno de los sillones, con las piernas metidas debajo del faldón de la mesa camilla, que tenía un brasero, para estar calentito, y me ponía una peli, Eso lo hacía, habitualmente, con mi padre, que se unía tras su almuerzo. Y nos poníamos a ver la peli que echaran el TVE. Ivanhoe era una de esas pelis, recurrentes, que ponían en el día de Nochebuena, así que me daba una panzada de buen cine y, para variar, volaba con mi imaginación a esa Inglaterra en ese tiempo.

Lo que no he mencionado hasta ahora es que teníamos sesión continua de tele porque los días 23, 24 y 25 de diciembre RTVE retransmitía, en directo, el Torneo de Navidad del Real Madrid. Esto es, un torneo amistoso a cuatro equipos.

El anfitrión era el Real Madrid, repetía el vencedor del año anterior y se invitaba a otros dos equipos: otro español y uno extranjero. Clubes y selecciones, entre las que destaco la selección de la URSS, con Tachenko, Sabonis, Kurtinaitis… frente a los héroes nacionales: Fernando Martín, Corbalán, Romay, Biriukov, Iturriaga, Robinson, del Corral… ¡Uf! Qué recuerdos.

Estos son los recuerdos que guardo de aquellas navidades en Plasencia. Las mañanas las pasaba con mi padre paseando entre las ruinas, entonces ocultas, pero latentes, de la imponente Cáparra. Sobre las navidades inglesas, en Scarborough ya os he hablado en los comentarios de otras pelis.

Ya he contextualizado mis memorias de pequeñito para enmarcar esta película. Pero todavía no he mencionado un ingrediente, por el que empezaré, que la hace todavía más especial: aparece Robin Hood. No al nivel de la novela, que luego compararé, para variar. Robin Hood era, por entonces, uno de mis personajes de ficción favoritos. No os imagináis la ilusión que me hizo que el Clan Rover de mi grupo Scout, el Kimball 110, se llamara Sherwood y su símbolo fuera la silueta negra de Robin Hood sobre el fondo rojo de la unidad clanera.

Ivanhoe

Volvamos al cine.

La película se desmarca de la Historia desde el mismo minuto 1 en que el narrador nos dice que Ricardo corazón de león está en paradero desconocido. Nada más falso, como os expliqué en el comentario, y en el podcast, de Las aventuras de Robin Hood y Robin Hood contextualizado. Ricardo había sido capturado por el rey de Austria, a su vuelta de las cruzadas en Tierra Santa. El motivo: la ofensa que hizo el inglés arrojando el estandarte austriaco desde lo alto de la torre de una fortaleza mora conquistada entre ingleses, franceses y austriacos.

Ese gesto vil, e innecesario, de desprecio a Austria, hizo que el austriaco se volviera a Europa y, cuando Ricardo tuvo que cruzar el continente a caballo, porque se complicó la travesía marítima, el austriaco aplaudiera con las orejas apresando al bellaco inglés y pidiendo rescate por él. Ese rescate, esa ofensa y la aventura alocada de Ricardo fueron la única, y verdadera, causa para que su hermano, el denostado Juan sin tierra (por traición de Ricardo: escuchad el podcast), tuviera que subir los impuestos en Inglaterra. Primero para costear la aventura cruzada, después para pagar el rescate.

Por lo tanto, miente la peli, y miente Walter Scott cuando dice que sus súbditos le daban por muerto, pues estaba vivito y coleando en centro Europa. Y viviendo la vida padre, que el cautivo que vemos en la peli, preso en un calabozo, también es mentira, pues era prisionero del austriaco pero gozaba de plena libertad para moverse por la comarca y ofrecía festines y fiestas pagadas con los impuestos de los ingleses. Los mismos que vemos llorar por él en las pelis de Robin Hood.

Es inevitable

No he empezado casi mi comentario de la peli y ya estoy aquí, como Eduardo Manostijeras desbrozando el guion que no hay por dónde cogerlo desde el rigor histórico. Desde el literario sí, porque se basa en la novela romántica Ivanhoe, de Walter Scott, verdadero artífice de este batiburrillo pro Ricardo en el que tergiversa, pervierte y manipula la Historia para escribir su folletín de novela.

Por eso os digo que es inevitable que, a partir del mismo inicio de la peli, vaya comparando película y novela (a la suma de ambas llamaré ficción) y, a la par, a ambas (a la ficción) con la Historia). Alucino cuando, a penas en la segunda escena se establece la comparación entre Ricardo y Juan y uno de los protagonistas, Cedric, padre de Ivanhoe, declara que «Ricardo, pese a todos sus defectos, es adicto a Inglaterra mientras que Juan es adicto a Juan«.

No cabe mayor patada a la Historia de Inglaterra.

Ya lo expliqué en Robin Hood, (en Web y en podcast para Antena Historia), por lo que ahora sólo lo resumo: Ricardo no vivió ni tres meses seguidos en Inglaterra. Era «el rey francés» pues vivió con su madre en la Francia ocupada por los ingleses, Leonor de Aquitania. Se hizo con Inglaterra haciendo la guerra al padre y a los hermanos que le precedían en la sucesión dinástica.

Fue un déspota y, a penas coronado, partió para Jerusalén y arruinó dos veces consecutivas a Inglaterra, con la cruzada y con el rescate. Juan gobernó en su ausencia e hizo mucho mal a Inglaterra. Pero todo el mal que hizo no fue sino ejecutar las leyes, y los impuestos, impuestos por su hermano Ricardo quien, dicho sea de paso, hasta hablaba malamente el inglés, pues su primer idioma era el francés, de ahí su cordialidad hacia el rey de Francia y su alianza en Tierra Santa.

Pero hay algo más hiriente en la película…

Ricardo corazón de león y los judíos

Tenemos tres prismas de interpretación de la causa judía. Peli, novela y realidad.

La novela refleja el caldo de cultivo antisemita que existía en la Inglaterra de 1189-1199, la década que reinó Ricardo. Había hostilidad hacia la comunidad judía, abierta y declarada. Sin medias tintas, a los que tachaban de usureros. La fama usurera de los judíos viene de lejos, y yo pienso que se debe más a la envidia hacia su prosperidad que hacia hipotéticas malas praxis, que las habría, pero no generalizadas.

Sin embargo, en momentos de conflicto social y de hambruna, lo más fácil es buscar un enemigo común que tape las debilidades del Gobierno de turno. Si no, que se lo pregunten a los judíos alemanes entre las dos guerras mundiales.

Los judíos de la película suspiran por Ricardo como el rey sajón que los amparará y protegerá de los malvados normandos. Esta aberración histórica sería sólo comparable a ver a los judíos de Auschwitz implorando que llegue Adolf Hitler porque sólo él los ama y los protege. Sabed que Ricardo los persiguió del sur al norte de Inglaterra y los arrinconó en la ciudad de York y allí los asesinó. Ese es el verdadero Ricardo corazón de león.

En la peli atribuyen la persecución a Juan, y ponen a Ricardo como salvador de los judíos. Fuerzan la trama de esta manera para justificar la entrada de los protagonistas judíos como únicos capaces de recaudar los 150.000 marcos que cuesta la libertad del rey inglés. Paradójico, ¿verdad? Judíos ficticios reuniendo el dinero para salvar al rey que mató a los judíos reales. Para colmo de cinismo el patriarca judío es Isaac de York, de la ciudad en la que los pasaron a cuchillo.

Trama

Más o menos ya he ido citando algunos aspectos de la misma. Ahora, cual monstruo de Frankenstein, las iré cosiendo para que tengan pleno sentido. Pero antes dejo claro que tampoco Walter Scott pretendió ser fiel al siglo XII inglés. Él es el padre de la novela histórica que tiene todo de novela, pero nada de histórica, pues su intención era proyectar la realidad sociopolítica del siglo XIX a la Edad Media para exacerbar el nacionalismo patrio.

La parte de Ricardo está ya bien explicada. Vamos con la de Ivanhoe.

Es el hijo rebelde de Cedric, el principal valedor de Ricardo y de toda la causa sajona. Pero el padre reniega del hijo cuando éste parte, son permiso paterno, a la cruzada en Tierra Santa. Para que os hagáis una idea, iría en la comitiva que vemos cruzar Francia (rodado en Navarra) al final de El reino de los cielos.

Reniega de él, hasta el punto de rechazarle como hijo.

La peli empieza con Ivanhoe merodeando por Austria en busca del rastro de su señor (como si en la vida real no lo supiera). Y da con él y se convierte en su portavoz en Inglaterra para hacer saber a sus partidarios que el rey sigue vivo y está cautivo.

Banquete

De vuelta, en Inglaterra, Ivanhoe visita el castillo de su padre de incógnito, a modo de juglar. Es invitado a cenar, sentado en la mesa del populacho y es testigo de una conversación entre su padre, su medio hermana y unos normandos que son aceptados para pernoctar por mera cortesía del anfitrión sajón.

Los normandos vienen también de Tierra Santa. Y su versión de los hechos, con respecto a las aventuras y desventuras inglesas, en Jerusalén, difiere de las sajonas. Para no narrar la escena, al pormenor, deciros que se simultanearán varias acciones. Por un lado se masca la tensión entre invadidos (sajones) e invasores (normandos). Queda claro que el padre da por muerto al hijo, a quien reconoce de vista pero no en calidad paternofilial. Su hermana provoca un enfrentamiento entre ambas facciones, en un torneo por celebrarse, echando sal sobre una herida sin cerrar: la derrota normanda en otra justa celebrada en Israel.

Y la última trama de esta trenza de argumentos: la llegada de un judío, que resulta ser el patriarca de los hebreos en Inglaterra, a quien da cobijo de buen grado (por lo menos de mejor grado que a los normandos) mientras que el anciano recibe el desprecio de los otros invitados.

Ivanhoe desbarata un intento de robo, quizás hasta de asesinato, al judío y se traba cierta amistad.

Torneo

Se acerca la hora del torneo, pero Ivanhoe no puede participar porque no tiene armadura, caballo de combate ni armas ofensivas ni defensivas.

Entre medias el padre reniega de él y él confirma que Ricardo vive pero está preso porque Juan se niega a pagar el rescate. Esta negativa tiene parte de veraz, pues en la vida real Juan, y el Papa de Roma, preferían a Ricardo preso y fuera del circuito político porque era un hooligan. Su padre razona que no puede recaudar más dinero para Ricardo, porque no para de hacerlo, pero para mantener firme la moral sajona ante el paulatino arrinconamiento al que se ven sometidos, en su propia tierra.

Ivanhoe se reúne con el patriarca y entre él y su hija financian la participación del sajón en el torneo. Se viste de negro, se arma y reta él solo a los cinco normandos en liza en el torneo. Cómo no, pasa por la piedra a los enemigos, aunque cae gravemente herido.

Ha luchado de manera anónima, portando los favores de su dama, la hija del patriarca judío, cosa que incomoda tanto a sajones como a normandos. No olvidemos que los normandos son los que persiguen a los hebreos en la peli y los sajones los que los pasaron a cuchillo.

El torneo no deja de ser la versión circense de la vida cotidiana medieval que se tenía en el Hollywood de los años 50s del pasado siglo. Si queréis ver un torneo de verdad, y realista, os sugiero ver la magnífica El último duelo. Ahí se evapora el jolgorio y el circo de estas pelis de antaño. A diferencia de la novela, que dentro de reinventar la historia, para acomodarla a su antojo, la peli pretende, tan sólo, divertirnos, en las antípodas de El último duelo y de su contemporánea El Cid.

Para torneo, como os decía antes, el del Real Madrid en Navidad.

Herido

Rebecca cura a Ivanhoe en su casa, hasta que deciden preparar un séquito rumbo ¿a York? creo que sí, pero no llegan a su destino, ni los judíos ni la familia de Ivanhoe, porque son secuestrados por el quinteto del torneo que, confabulados con Juan, se los llevan al castillo de uno de ellos.

Ivanhoe abandona su anonimato para entregarse sin resistencia para que liberen a su padre. Todo una trampa porque cuando se entrevista con su padre, para reconciliarse, le explica que Robin Hood está en el bosque presto para ponerse a las órdenes del sajón para sitiar el castillo y asaltar la torre defensiva.

Rowena y Rebecca prisioneras no sólo tienen que sufrir el cautiverio sino que ambas son cortejadas por normandos que se las quieren llevar al huerto. Ni presas pueden descansar. Rebecca llega, incluso, a ser chantajeada con tenerse que casar con Brian de Bois para evitar, con su sacrificio, que ajusticien a todos los prisioneros.

En la novela asistimos a un debate ético, y moral, del templario, aportando el dilema espiritual del caballero que siente que la muchacha hace temblar la tierra sobre la que pisa. Aquí nos vamos a la simple aventura y la mera excusa para precipitar un desenlace que nos entre por los ojos.

Robin Hood

Ivanhoe roba todo el protagonismo al Robin Hood de la peli. En la novela si tiene mucho más protagonismo, pero la peli apuesta todo al protagonista y deja al resto a la sombra para favorecer el folletín amoroso y la aventura de pandereta.

No obstante el verdadero héroe es Robin Hood que sitia el castillo con un millar de arqueros y cubre la huida de Ivanhoe que escapa de la horca y libera a los sajones que estaban prisioneros. La verdad es que el asedio, y la propia batalla, son un pelín patéticos. Cuando la veía de niño me parecía sublime, hasta genial, pero vista ahora, con ojos de adulto, roza lo dantesco. Lo peor: las ráfagas de flechas que no disimulan que las arrojan a puñados.

Aunque para patéticas las escenitas de la construcción de un puente y las escalas por la muralla. El puente lo hacen para superar el foso con agua que cubre… hasta la cintura. Y para eso se desloman para montar un puente por el que cruzan y se arrodillan para disparar los arcos. Digo yo que para disparar sus arcos desde ese punto podrían haberlos disparado desde la orilla original y eso que se habrían ahorrado. Las escalas pueden pasar, pero las rocas de cartón piedra, cuya ausencia de peso no se molestan en disimular… pues qué queréis que os diga. Igual que las flechas, que siempre impactan oblicuas, hacia arriba aunque sean disparadas a granel y caigan en vertical desde el cielo.

Una farsa de juicio…

Liberan a todos menos a Rebecca, quien termina sometida a un juicio, que es una farsa, y se convierte en un proceso inquisitorial y ella en una acusada de brujería.

Tan sólo el normando, y templario, Brian de Gois, que es quien la pretende, y a quien dicen que más que haberla seducido, ha hechizado, da la cara por la judía. Declara en público que no importa lo que ella diga o alegue en su defensa, porque está condenada de antemano a la hoguera salvo que, tras escuchar la condena se confiese culpable y abjure del judaísmo, y esto podría salvarla de arder en el fuego.

Ivanhoe, entre los presentes, oculto cual Robin Hood, irrumpe y pide que se anule el Juicio y se haga uno de Dios en un combate singular en la que él mismo pueda defender la inocencia de la muchacha. Juan aprovecha la ocasión para aceptar tal juicio mediante combate y mata dos pájaros de un tiro proponiendo a Brian que sea su campeón. De tal guisa, venza quien venza, al menos uno de los dos caerá y se le quitará del medio.

Combate singular y final feliz

Brian tiene un gesto de caballerosidad aceptando caer en desgracia del rey si renuncia a Ivanhoe por él. Ivanhoe y Rebecca se salvarían y él perdería su castillo y su posición, aunque se quedaría con la muchacha, pero ésta no acepta su propuesta.

Este combate es uno de los mejores momentos de la peli. La coreografía está bastante lograda y la disparidad de las armas elegidas para combatir, una maza con cadena y un hacha aportan un hecho diferencial en un combate singular por partida doble: primero porque enfrenta a uno contra uno y, segundo, por la propia esencia de ambas armas, que hace que los dos caballeros se desenvuelvan de manera diferente a la tradicional espada.

Obvio decir que gana Ivanhoe, de manera épica, muy currada y caballeresca, mientras que en la obra literaria Brian sufre un ataque al corazón restando responsabilidad al protagonista sobre la muerte del templario.

Lo más ridículo es la entrada, y llegada, por sorpresa, del rey Ricardo. Al más puro estilo Las aventuras de Robin Hood. Estéril, ridículo, y doblemente falso, por lo impostada que resulta su figura y porque contradice a la misma historia de Inglaterra.

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